A mis “médicos de cabecera”…

imagesPor Karelia Álvarez Rosell
Cada tres de diciembre no me canso ni me cansaré de repetir la historia: llamar, pasarle mensajes o visitar a “mis médicos de cabecera”; cualquier reconocimiento es poco para las mujeres –predominantes en el sector– y hombres de batas blancas, ese ejército de trabajadores de la salud que hacen por la vida.
Con frecuencia suelo decir que mi círculo infantil fue un hospital porque a pesar de haber nacido en los lomeríos del Escambray, crecí, según los médicos, sin anticuerpos por la meticulosa crianza de doña Ceci, mi querida madre.
La tierra no la podía ni oler, mucho menos poner los pies en las aguas del río Agabama porque de tan solo mirarlo ya las amígdalas se me inflamaban para así darle paso a la constante fiebre y, como era de esperar, a las inyecciones. Sigue leyendo

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