Hermosas arrugas

adulto-mayorPor Karelia Álvarez Rosell

Hilda y Cecy, se cuidan una a la otra; ambas pertenecen a la tercera edad. Son madre e hija y para mayor información, una es mi abuela, con 93 años y la otra mi madre, con 73. Mi hermana, las niñas y yo nos ocupamos de atenderlas y colmarlas de cariño.
La “Abu”, como cariñosamente la llamamos, se pasa casi todo el tiempo sentada en una de las butaca de la sala, con el decursar de los años la artrosis y dos operaciones de cadera le han acortado los pasos, se auxilia de un “burrito”, pero insiste en mantenerse activa y con una mente muy lúcida; a cada rato me hace historias de su añorado Escambray o Macizo de Guamuhaya, un sistema montañoso situado en las provincias del centro del país.
Mientras, la “panetelita borracha”, como suelo nombrar a mi madre porque es toda ternura, anda con sus achaques a cuestas y también con una jaba de bondad para ayudar a cuanta persona se le cruce en el camino. Sigue leyendo

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El VIH/sida no cree en edad

Conozca la historia de un hombre de 66 años que se contagió de VIH/Sida, detectado en el 2007, único caso de la Tercera Edaden la Isla
Por Gloria Morales Campanioni

No sé quién pudo contagiarme del VIH/sida, imagínese… soy un sesentón con una vida sexual activa y jamás por mi mente pasó que en la  Tercera Edad también estaba el riesgo de contraer esta pandemia; no me protegía, el condón era para mí cosa de jóvenes, y mire usted…, unos momentos de placer con alguna que otra mujer me dejaron marcado de por vida.
Confesó el anciano de 66 años, quien reconoce su responsabilidad al saber de antemano que se trasmitía de una persona a otra por vía sanguínea y contacto sexual; en el  2007 se lo detectaron al hacerse unos análisis establecidos para ingresar en una institución de salud.
Su historia contradice la creencia de que en la Tercera Edad no se puede tener una vida sexual.
El análisis de sangre dio alterado, ¿será verdad?, debe ser un error, están equivocados, tal vez es un susto, pero no, fue positivo al repetírmelo. La noticia me impactó, claro, rápido pensé en la muerte, pero eso no ayuda, uno debe seguir adelante, es duro en cuanto a lo social.
Una y otra vez me decía: ‘por qué yo’; nos creemos bárbaros e invulnerables. Ojalá todos pudiéramos saber antes la veracidad de la conocida frase de que el sida no tiene cara, asumiríamos un comportamiento sexual responsable y por consiguiente, otra actitud con respecto al uso del condón.
Se los dije a mis hermanos, lo asimilaron bien y me apoyan; mis tres hijas también lo saben, no sé cómo, lo veo en sus ojos y por la forma de tratarme y recalcarme cuidarme. Sigue leyendo