Koti Mujeres

Vilma Espín Guillois
Nació en Santiago de Cuba el 7 de abril de 1930 en el seno de una familia que cultivó tempranamente en ella los valores éticos que le distinguirían e inculcó los hábitos del saber, desde joven Vilma asumió posiciones políticas revolucionarias, participando activamente en manifestaciones estudiantiles luego del golpe de estado batistiano de  1952.
Fue desde entonces inseparable colaboradora del inolvidable Frank País, militando en las organizaciones fundadas por él en la lucha contra la tiranía, hasta que formando parte de la entonces Acción Nacional Revolucionaria, sus integrantes se sumaron a las filas del Movimiento 26 de julio.
Su casa abrió las puertas para proteger a los compañeros asaltantes del cuartel Moncada, perseguidos por las tropas del régimen opresor sedientas de sangre; ya en los preparativos de la nueva etapa de lucha y luego de concluir un curso de postgrado en Estados Unidos, por orientaciones de la Dirección del Movimiento, hizo escala en México para entrevistarse con Fidel, recibir sus instrucciones y mensajes.
Bajo las órdenes directas de Frank participó en el alzamiento armado de Santiago de Cuba el 30 de noviembre de 1956, en apoyo a los expedicionarios del Granma, convirtiéndose su vivienda, después de esta acción relevante, en cuartel general del movimiento revolucionario en Santiago de Cuba.
Integrante de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de julio, poco antes de ser asesinado Frank País fue nombrada por él Coordinadora Provincial de la organización clandestina en Oriente, labor que desempeñó con particular capacidad y valentía hasta que, ante el acecho y la persecución constantes, se incorporó al Ejército Rebelde, en junio de 1958, convirtiéndose en la legendaria guerrillera del II Frente Oriental Frank País y eficaz coordinadora del movimiento clandestino de Oriente con el territorio del Frente.
Al triunfo de la Revolución en 1959, inmersa en distintas tareas, por encargo de Fidel encabezó la unificación de las organizaciones femeninas y la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas, a cuya organización, desde su máxima dirección, se consagró con singular desvelo hasta el último minuto de su fecunda vida.
Integró el Comité Central del Partido desde su fundación en 1965, condición en que fue ratificada en todos sus Congresos. En 1980, en ocasión del Segundo Congreso del Partido, resultó elegida miembro suplente del Buró Político, y en el Tercero fue promovida a miembro efectivo de esa instancia de dirección, responsabilidad que desempeñó hasta 1991. Fue Diputada a la Asamblea Nacional desde su primera legislatura y miembro del Consejo de Estado desde su constitución.
Vilma presidió desde su creación la Comisión Nacional de Prevención y Atención Social, y la Comisión de la Niñez, la Juventud y la igualdad de derechos de la Mujer, de la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Su nombre estará vinculado eternamente a las más significativas conquistas de la mujer cubana en la Revolución y a las más relevantes luchadoras por la emancipación de la mujer en nuestro país y en el mundo.
Por sus relevantes méritos recibió múltiples condecoraciones, títulos y órdenes nacionales e internacionales, entre las que se destaca el título honorífico de Heroína de la República de Cuba.La compañera Vilma Espín Guillois, heroína de la clandestinidad y combatiente destacada del Ejército Rebelde e incansable luchadora por la emancipación de la mujer y la defensa de los derechos de la niñez, falleció en La Habana este lunes, a las 4:14 p.m., luego del agravamiento, en las últimas semanas, de la larga enfermedad que le aquejaba.

Celia Sánchez Manduley
El Río Vicana en el recorrido desde la Sierra Maestra hasta el Golfo del  Guacanayabo, se enreda incansable, en laberintos de meandros. Junto a unos de ellos, profundo como un brazo descansa Pueblo Nuevo, el barrio de Media Luna donde vivía en las primeras décadas del Siglo XX la mayor parte de los trabajadores del “Central Isabel”. Fue este lugar escogido por el Doctor Manuel Sánchez Silveira y la esposa Acacia Manduley Alsina, para establecer el hogar y fue allí donde nació a la una de la tarde del día 9 de Mayo de 1920 Celia Sánchez.
El matrimonio trajo al mundo 9 hijos: el 29 de abril de 1914 nació Silvia, la mayor, el 29 de enero de 1916 Graciela María. Un duro golpe esperaba al joven matrimonio. Estaba Acacia en vísperas del tercer parto cuando a la pequeña Chela se le presenta un ataque fulminante de acidosis y muere el 28 de marzo de 1917, exactamente el día en que cumplía 14 meses. El trágico acontecimiento deja un doloroso e imborrable recuerdo en la familia. Tres días después el 31 de marzo nació otra niña. En memoria de la muerta le ponían el mismo nombre y el 8 de Octubre de 1918 llega Manuel Enrique el primer varón.
Cuando en la mañana del 9 de mayo de 1920 Acacia se sintió de parto, los pequeños fueron enviados para una casa vecina al regresar horas después se encontraron con una bella niña de 9 libras y ¾. Al igual que todas sus hermanas tanto los nacidos como los 4 que faltaban por nacer la criatura fue recibida por su padre y bañada por Elvira Esturo de Cossío amiga íntima de la familia.

El 16 de octubre de aquel año seria inscrita en el Registro Civil del juzgado Municipal de Vicana bajo el nombre de Celia Esther de los Desamparados, los mismos con los que sería bautizado el 22 de julio de 1922 en la parroquia de la Purísima. Concepción de Manzanillo, su tercer nombre fue escogido por haber nacido la niña al día siguiente de la fiesta religiosa de nuestra señora de los Desamparados, aunque a Celia en su niñez la enojaba soberanamente que sus hermanos la llamaran por él. En el trascurso de los próximos años aumentaría la prole con los nacimientos de Flavia el 6 de febrero de 1922, Griselda el 22 de mayo de 1923, Orlando el 21 de abril de 1925 y Acacia la mas joven el 29 de noviembre de 1926.
A Celia siempre la rodeo un contexto de dicha infantil, en el que tuvo extraordinaria importancia la formación familiar que recibieron las Sánchez Manduley, exenta de dogmatismo religiosos o de cualquier otra índole de convencionalismos, prejuicios, rigieses y en la que tuvieron mucho que ver tanto la personalidad del padre, hombre de ideas liberales avanzadas, como el carácter de la madre, siempre alegre y cordial. Ambos poseían, además, los preciados dones de la indulgencia y la bondad.
Celia fue una niña bonita. Las fotos de los primeros años muestran un bello rostro infantil de tez blanca, ovalo más bien redondeado y hermosos ojos negros y pelo negro, ligeramente ondeado. Fue saludable.
Pasatiempos, juegos y travesuras infantiles de Celia
Tenía gran afición, notable destreza y buen gusto para dibujo, la pintura y las llamadas artes manuales en general. En la escuela había aprendido a bordar, tejer, hacer flores artificiales, repujar en piel, trabajar el yarey. También con la tía Gloria aprendió a bordar a máquina y con Enriqueta aprendió a tomar medidas y hacer moldes para la confección de ropa. Con algunos de estos moldes obtuvo premios en concursos infantiles, le gustaba cocinar y mostraba en este arte imaginación y habilidad.

El tradicional juego de las casitas gozó de predilección a lo largo de toda su niñez. El padre mandó a construir una casita de alrededor de 3 metros cor 2 puertas, ventanas y piso de cemento, paredes de yagua, techo de guano, algunos muebles, baterías de cocinas… Para el manejo de la casa las niñas – Celia, alguna de sus hermanas, primas y compañeros de juego estuvieron una interesante división del trabajo en el que Celia le toco el de cocinera.
Una vez jugando con Flavia en un corralito a las muñecas, el padre se acercó a ellas y le dio el bulbo de una muestra farmacéutica para que lo usaran en sus juegos a modo de biberón. Celia se lo llevó a la boca para tratar de arrancarle la etiqueta y se lo trago. En medio del susto le suministraron un brebaje para hacerla vomitar mientras el padre preparaba un artefacto para extraerle “el biberón” pero afortunadamente entre copiosos vómitos la pequeña arrojo el pomito, el eficaz remedio la dejó vomitando varias horas.

Los muchachitos del barrio, no importa si andaban descalzos o eran hijos de personas con buenas posibilidades económicas, le pararan la cuñita que con tanta gracia manejaba ella por todos los caminos y se subieran para dar el paseíto. Hubo ocasiones en que conducía más que un auto, una carroza de creche.
Celia e iniciación en el sistema de enseñanza
Junto a la hermana Flavia, Celia comenzó a cursar la enseñanza primaria cuando tenía 7 años. Beatriz Pernias que fue la primera maestra, mantenía una pequeña escuela privada donde enseñaba básicamente lenguaje y aritmética. Estaba situada en el barrio del Carmen y durante los últimos tiempos ocupó el local en que estuvo enclavada, antes del trasladó a Pueblo Nuevo una de las farmacias de Sánchez Silveira.
Las dos niñas estudiaron en esta escuela hasta que se mudaron para Manzanillo; donde ingresan en cuarto grado en la escuela pública de Pueblo Nuevo. En aquellos momentos la directora y profesora de los grados cuartos, quintos y sexto, era Ismaela Céspedes, la segunda maestra que tuvo Celia, algunas semanas después la misma falleció víctima de tuberculosis. Posteriormente Adolfina Cossío “Cucha” pasó a ocupar el cargo de directora de la escuela y profesora de los tres grados superiores, siendo la tercera maestra de Celia.
En la humilde escuelita pública y bajo la inteligente tutela pedagógica de Adolfina Cossío; maestra capaz y ya respetable a pesar de la juventud, se sedimentarían los valores cívicos, morales y patrióticos que como parte del acervo familiar, recibió la heroína desde la cuna misma.
Paralelamente a la educación primaria y también junto a la hermana Flavia, Celia tomó clases de piano, durante 3 ó 4 años con los hermanos Rodes.
Muerte de la madre y repercusión en Celia
Desde el cargo de médico director del hospitalito del Central el Doctor Sánchez Silveira realizó una continuada labor investigativo y profiláctica en la zona. En sus informes se plasmaban su temor por el paludismo y la fiebre tifoidea que según él eran las dos terribles enfermedades trasmisibles que quedaban endémicas en aquellos lugares desde el 95.

No podían imaginar entonces el Doctor que una de aquellas enfermedades que había combatido le arrebatarían a su esposa el 19 de diciembre de 1926, a los 20 días de haber dado luz a su última hija, Acacia moría víctima del paludismo pernicioso, en la casa de su hermana Amanda, en el número 39 de la calle Ulaceo en Manzanillo, a donde había sido trasladada teniendo en cuenta la mayor posibilidad de recursos de la Ciudad.

Durante los días terribles de la enfermedad de Acacia, a la familia le era difícil separar de ella a Celia, que se obstinaba en permanecer sentada en un taburetico al lado de la cama de la madre. Y cuando murió, la pequeña fue presa de un fuerte estado depresivo, y de una calentura, cuyo origen no se había podido determinar un mes después a pesar de que el padre la vio en consulta con otros médicos amigos.

Finalmente el tío Juan, médico también diagnosticó un trastorno nervioso y percibió un remedio casero: baños y tisanas de verbena. Las fiebres desaparecieron, pero la niña quedo triste durante mucho tiempo. No quería jugar y se apartaba de los demás para llorar a solas. Tenía entonces 6 años y medio.
Incorporación a la lucha
Después del Golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, vislumbró que entonces la única opción era la lucha armada y se involucró en diversas organizaciones insurreccionales.
A mediados de 1955, según testimonio escrito de la propia heroína, Manuel Echevarría fue a Pilón “para la cuestión del Movimiento 26 de Julio, ya como organización, y me pidió ir a Santiago de Cuba para ver a Frank”.
Echevarría, fundador del Movimiento en Manzanillo, aseveró al autor de este trabajo que no recibió orientación alguna, con respecto a incorporarla, ni de Santiago ni de La Habana. “Ferrón, dirigente de la Ortodoxia en Niquero, nos habló de ella. Fue una iniciativa nuestra ir a Pilón.”
En el Movimiento 26 de Julio nunca tuvo cargos, aunque asumió tareas relevantes. Con su nombre de guerra, Norma, devino figura legendaria en los días de los preparativos de la expedición del Granma y del inicio de la lucha guerrillera en la Sierra Maestra. Con ese nombre de guerra, devino figura legendaria en los días de los preparativos de la expedición del Granma y el inicio de la lucha guerrillera en la Sierra.
Desarrolló una red de colaboradores campesinos en las cercanías de donde debía desembarcar el Yate Granma que resultó fundamental para la continuidad de la lucha.
Combatiente imprescindible en la Sierra Maestra
El 28 de mayo, como integrante del pelotón de la comandancia, combatió en El Uvero, M-1 en ristre. A pocos pasos de ella, cayó mortalmente herido Julito Díaz. Como solía decir el historiador Pedro Álvarez Tabío, Celia tiene el mérito histórico de haber sido la primera mujer combatiente del Ejército Rebelde y de haberlo hecho bien.
Pocos días después de esa acción, Fidel la envió de nuevo al llano con importantes encomiendas. Esta resultó la etapa de mayor peligro, pues a la ya implacable persecución contra ella se sumó la traición de un expedicionario del Granma, quien delató a muchos de los colaboradores del Movimiento.
Celia Sánchez junto a Fidel Castro
Hasta mediados de 1957 la heroína había utilizado, además de Norma, los seudónimos de Lilian, Carmen y Caridad. El 18 de julio de ese año, en un mensaje de Frank a la Sierra, apareció el nuevo nombre de guerra de Celia: Aly. Sin embargo, estaba tan enraizado el apelativo de Norma, que le continuó llamando así en misivas posteriores.
Lo mismo sucedía a los combatientes del Ejército Rebelde, quienes tres días después, en una carta colectiva enviada a David (Frank País), afirmaban: “En cuanto a la Sierra, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David y Norma”.
Al Triunfo de la Revolución Cubana
Celia en testigo y participante activa de los momentos más trascendentales de la Revolución, de todas las actividades relevantes y las obras más significativas emprendidas después del triunfo. Al decir de su biógrafo principal, Pedro Álvarez Tabío, la vida de Celia, desde los días del Granma y la Sierra, “está tan imbricada con la historia misma de la Revolución Cubana y de Fidel, que resulta imposible separar una de otra”. Su vida modesta y consagración al servicio del pueblo le ganaron el cariño y el afecto de millones de cubanos.
Celia asumió importantes tareas y responsabilidades después del triunfo de la Revolución hasta su muerte el 11 de enero de 1980.
Anécdotas
En busca de los expedicionarios
Preocupada por la falta de noticias sobre los expedicionarios del Yate Granma y el no saber nada de Frank País y los compañeros de Santiago de Cuba después del levantamiento del 30 de noviembre. Por ello, el 2 de diciembre de 1956 marchó hacia Campechuela junto con Beto Pesant, entonces uno de los jefes del Movimiento 26 de Julio en Manzanillo, para hacer contacto con la red de colaboradores que tenía allí. Al llegar al pueblo, ella se separó de su acompañante y fue hacia un café bar, sitio de reunión escogido.
Nunca se ha sabido si fue por una delación o que resultó detectada por el aparato represivo del régimen, lo cierto es que de pronto frente al cafetín se detuvieron tres perseguidoras. El primer policía en entrar hizo como si no la reconociera, le debía favores al padre de la heroína, pero los demás vociferaron: “Está aquí”. La hicieron sentarse en una silla y dos sicarios se pusieron a su lado. En cada puerta del local colocaron dos guardias.
Celia se percató de que en una vidriera del establecimiento, pegada a la misma puerta, vendían cigarros, chicles, caramelos y otras chucherías. Pidió permiso para comprar una caja de fósforos. La dejaron ir adonde la vendedora. Volvió a su asiento, encendió un cigarro y le preguntó a la muchacha: “¿Tú tienes chicles?” Ante el asentimiento de la dependiente, volvió a pedir permiso: “Voy a comprar una caja de chicles”. No le dio tiempo a sus captores. Años después la propia Celia relataría: “Cuando me levanté y fui a la vidrierita, prendí una carrera. Había una acera muy alta y allí mismo me tiré y empecé a correr”.
La sorpresa paralizó a los guardias. Al reaccionar, trataron de atajar a la revolucionaria. La gente, consciente o inconscientemente, les frenaba el paso. Tiraron al aire pero Celia seguía corriendo como una gacela en peligro. “Nunca pensé en meterme en una casa, porque me acorralaban. Y corrí, corrí, corrí.” Se internó en un solar lleno de maleza. “Me quedé tranquilita, para que no se moviera la hierba.”
Al rato, cuando ya nadie la perseguía, comenzó a arrastrarse. Perdió el rumbo y se encontró con que estaba cerca del cuartel de Campechuela. “Volví hacia atrás y caminé mucho otra vez, pero ya sabía dónde estaba. Seguí arrastrándome hasta ir a la carretera.” Con señas detuvo un auto. “Resultó ser un señor llamado Graña que yo conocía de Manzanillo, quien tenía un taller al que yo iba mucho, me había tapizado los asientos de mi máquina.”
Él accedió a llevarla cerca de Manzanillo. Por el camino se les unió Pessant. Descendieron en las afueras de la ciudad, cruzaron un campo de caña y en Barrio de Oro contactaron con gente del Movimiento.
Dos días después, ya en una casa amiga, en Manzanillo, es que a Celia la pudo atender un médico. Tenía fiebre alta, dolor de cabeza y las piernas hinchadas por las espinas que se clavó al arrastrarse en la maleza.
El embarazo de Norma
Era el 5 de diciembre y no había noticias aún de los expedicionarios; sin reponerse de las dolencias, Celia decidió viajar a Santiago para debatir con Frank planes futuros. Para burlar la persecución policíaca, se cortó el pelo, se hizo melena y cerquillo y se vistió con una bata de maternidad, ya que se había colocado alrededor de la cintura una barriga postiza confeccionada en tiempo récord. Acompañada por Geña Verdecia, partió para Santiago de Cuba en ómnibus. El vehículo se detuvo en el cuartel de El Cobre para que los guardias lo registraran y, de paso, chequear a los pasajeros. Un soldado le ofreció café al chofer. “¿Y al pasaje, no?”, protestó la “embarazada” Norma. “Bueno, también”, le sonrió el uniformado.
Geña, aunque se quería morir, comenzó a descender del ómnibus junto con Celia. “Deje, se lo traemos aquí”, le dijeron muy amables. “No, no, bajamos.” Otro soldado la ayudó. “Mire, tenga cuidado, que hay que saltar trincheras y barricadas.”
En la cocina del cuartel, buscaron un taburete. La trataron como si fuera de cristal. “No se recueste, que eso es peligroso, se puede caer.” Colaron café para ella y comenzaron a conversar. A los soldados se les soltó la lengua y hablaron del desembarco, de los sucesos de Alegría de Pío, de la persecución de que eran objeto los expedicionarios. Celia tomaba nota mentalmente de las indiscreciones.
Al llegar a Santiago, Norma se entrevistó con Frank. Ella no creía en la muerte de Fidel Castro. “No han mostrado el cadáver. Está vivo y no ha sido capturado”, alegaba.
Primeros envíos a la Sierra
El 19 de noviembre llegó Mongo Pérez a Manzanillo con la noticia de que Fidel, Raúl y otros compañeros estaban vivos y a salvo entre gente amiga de la Sierra. Cuando Mongo regresó de Santiago, adonde había ido a entrevistarse con Frank País. Celia le entregó 267 pesos para Fidel.
El 23 de diciembre despachó a Geña Verdecia y otros dos militantes del Movimiento hacia la Sierra con 300 balas y nueve cartuchos de dinamita. Seis días después, con la misma Geña y otro combatiente, el envío fue de ocho granadas, remitidas por Frank, cuatro peines de ametralladoras, mechas y cartuchos de dinamita, fulminantes y unos libros de Historia de Cuba solicitados por el médico argentino a quien todos llamaban Che. Veinticuatro horas más tarde, expidió al primer refuerzo, 11 combatientes de Manzanillo seleccionados y pertrechados por ella.
No se detuvo. Siguió enviando, ya fuera por solicitud del aún incipiente Ejército Rebelde o por iniciativa propia, ropas, gorras, hamacas, frazadas y otros útiles. A tal punto Manzanillo se convirtió en la retaguardia de la guerrilla, que Raúl Castro le confesó en un mensaje: “Tú te has convertido en nuestro paño de lágrimas más inmediato y por eso todo el peso recae sobre ti, te vamos a tener que nombrar Madrina Oficial del destacamento”. Y a todo lo largo de 1957 las misivas a Celia iban dirigidas a “Querida madrinita”.

Magaly Montané Oropesa, ejemplo de mujer cubana
Cuando se hable de una familia entregada por entero a la Revolución, antes y después del 59, no se puede dejar de mencionar a la familia pinera de los Montané Oropesa.
Todos los cubanos conocen o han oído hablar de la destacada trayectoria revolucionaria de Jesús Montané, pero muy pocos conocen de la destacada participación de su hermana menor, Magaly, en las actividades revolucionarias.
Contenido
Niñez y Juventud
Nació el 23 de octubre de 1933 en Nueva Gerona, Isla de Pinos. Hija última del matrimonio formado por Sergio Montané Soto y Zenaida Oropesa Soto. El padre contador de la Zona Fiscal de Nueva Gerona y la madre maestra de instrucción primaria. Tenía Maga 4 hermanos mayores: Jesús Sergio, Martha, Mireya y Sergio Jesús.
Su primera enseñanza la empezó en la Academia San José en Nueva Gerona. Era muy inteligente, pero no le gustaba estudiar, jamás tuvo creencias religiosas. Desde pequeña amaba la verdad y la justicia. Termina sus estudios y se gradúa de 8vo grado en la escuela primaria “Evangelina Cossío. Realizó examen de ingreso en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, pero no tenía vocación para el magisterio aunque amaba a los niños.
Su juventud fue dichosa, rodeada de amigos, siempre gustaba mucho de bailar y pasear, a su alrededor se reunía un divertido grupo juvenil. Fue administradora en la tienda Mire-Mar de Nueva Gerona, donde sacaba tela para uniformes y todo tipo de implementos que ayudara a los Moncadistas y posteriormente a los presos involucrados en la acción del Granma, en esta tienda contaba con la entusiasta ayuda de compañeros que aparentemente pertenecían al ejército pero en realidad lo que aportaban era información acerca de las instalaciones militares de la Isla, así se fue ganando el respeto y el cariño de todos sus compañeros, además de la confianza para el desarrollo de todas las actividades revolucionarias que se planificaban. Su casa estuvo siempre abierta para todos los familiares de los presos políticos del Moncada y el Granma. Su casa fue el primer lugar que visitara el Comandante Fidel Castro luego de su salida de Presidio Modelo.
Magaly se vinculó a las tareas clandestinas que se desarrollaban en la Isla en función de la libertad de Cuba, así la vemos ayudando a los presos políticos pasando al penal en latas de manteca con doble fondo, recados y otros objetos que a ella le mandaban de otros lugares del país, administrando su dinero y todo aquello que se le mandaba.
Dándole cumplimiento a las orientaciones dadas por Fidel de imprimirle organización al movimiento, se envía a Isla de Pinos a la Doctora Melba Hernández Rodríguez del Rey para crear la primera célula. Esto se realiza en septiembre de 1955 en la casa de la familia Montané quedando como Coordinadora Magaly Montané Oropesa. A ella se incorporaron compañeros que se habían destacado en el Comité pro-amnistía tales como Sergio Montané, Zenaida Oropesa, Mariano Rives, Rafael Cepero, entre otros.
La célula quedó conformada de la siguiente manera:
Familia Montané.JPG
• Coordinadora: Magaly Montané
• Vice coordinador: Dr. Juan Manuel Páez Inchausti
• Propaganda: Dr. Roberto Más Martínez
• Jefe de acción y sabotaje:Rafael Cepero Muñoz
• Financiero: Mariano Rives Pantoja
Llegó a alcanzar un total de 50 miembros, además de 44 colaboradores entre los que se incluían soldados de la tiranía.
El 9 de agosto de 1958, el Vice Coordinador de la célula dirigida por Maga, el Dr. Juan Manuel Páez Inchausti se incorporó a la Sierra Maestra.
Al conocer que la compañera Melba Hernández había sido autorizada para subir a la Sierra Maestra, Magaly y Sonia Torres no aceptaron quedarse y salieron para La Habana, alegando que Magaly se sentía enferma y visitaría un buen médico, en realidad iban para la Sierra Maestra a vincularse directamente al Movimiento que dirigía desde allí el compañero Fidel Castro. Ni su familia ni nadie sabían a donde ellas se dirigían.
A la Sierra Maestra entraron por la zona de Maffo, allí la recibieron las compañeras Cuca Horta y Nilda Ferrer, llevándolas a la casa de Eduardo Calvet en Bijagual. El primer grupo rebelde que encontraron fue el de Calixto García y posteriormente el del Comandante Juan Almeida Bosque que ya conocía de la llegada de estas compañeras y a cuyo III Frente se incorporaron.
Maga era trabajadora incansable, de mente ágil pero tan modesta y sencilla que ignoraba sus grandes cualidades. En su humilde hogar resolvía cualquier tipo de problema y con gracia específica cooperó siempre al bienestar doméstico, adoraba a sus padres, hermanos, y a Melba Hernández, sólo el amor a Cuba la pudo separar de su hogar para marchar a la Sierra.
Después de tener un encuentro con el pelotón Mariana Grajales en zona de Holguín, tiene un pequeño encuentro con Fidel Castro en un secadero de café y éste le plantea: “hombres para pelear ya no son tan necesarios, trae más compañeros para poder abrir escuelas para los soldados rebeldes y compañeros”
Labor revolucionaria
Posteriormente Maga se incorpora junto Melba Hernández en la auditoría que se constituyó en el III Frente Oriental “Mario Muñoz Monroyen la zona de San Fermín distrito perteneciente a la Comandancia del Comandante Juan Almeida. Participó en diferentes actos de reforma agraria que se realizaron en la Sierra Maestra, luchó contra todo tipo de dificultades, participó en diferentes misiones en Santiago de Cuba, orientadas por el III Frente y fue responsable de la selección de balas que se enviaban directamente a Fidel.
Luego del triunfo de la Revolución se incorpora directamente a las actividades de construcción del socialismo, llega a La Habana el 9 de enero de 1959 después de pasar en la Caravana victoriosa desde Santiago de Cuba; regresa momentáneamente a Isla de Pinos donde comienza el proceso revolucionario pro desarrollo de la zona.
Regresa a La Habana y trabaja por un tiempo en la cárcel de mujeres de Guanajay donde desarrolla una importante labor con Melba Hernández en la formación y educación de mujeres que allí se encontraban. Trabaja durante un tiempo en el Ministerio de Industria y en el sector del calzado, participando en las diferentes intervenciones que se le realizó a este sector.
Por las noches se dedicaba a la obra de Instrucción revolucionaria alfabetizando en el barrio El Palenque de la Lisa, combinando esta labor con la Defensa Civil como miliciana de vanguardia.
En1964 integra el plan campesino #2 consistente en la reeducación de las familias de los alzados, fusilados y colaboradores de los bandidos de Matanzas y El Escambray. Posteriormente integra las filas del plan de Recría de Maurín, inaugurado el 20 de diciembre de 1969, la ganadería le entusiasmaba mucho, sus compañeros aseguraban que Maga había encontrado su verdadera vocación laboral.
De allí pasó a dirigir el Plan Factor Rojo donde también desarrolló una magnífica labor pero tuvo que dejar la ganadería por la enfermedad visual que padecía. Fue miembro del Partido Comunista de Cuba e integró junto a Melba el Comité de solidaridad con Vietnam donde desarrolló una hermosa labor y como merecido tributo el Presidente de ese país le otorga, en condición post morte, Diploma y medalla como símbolo de la amistad entre Cuba y Vietnam.
Deceso
Fallece a causa de un derrame cerebral el 21 de marzo de 1974.

 

Evangelina Cossío Cisneros. Joven que se destacó por su significativa participación en el Levantamiento del 26 de Julio de 1896 en Isla de Pinos
Datos biográficos
Fue bautizada el 16 de febrero de 1878.- en la Iglesia “Nuestra Señora de la Soledad”, de Puerto Príncipe, la niña Juana Evangelina de las Mercedes, hija legítima de Don Agustín Cossío y Serrano y Doña Caridad Cisneros y de la Torre. Como abuelos paternos aparecen Agustín Cossío y Sánchez y Juana Serrano Aguiar y maternos Mariano Cisneros Méndez y Ana Regina de la Torre y Olazábal, todos naturales de Puerto Príncipe. La menor había nacido el 23 de septiembre de 1877.
La figura paterna
Su padre había sido deportado a Isla de Pinos por 10 años. Llegó acompañado por sus dos hijas adolescentes, cuya madre Caridad Cisneros de la Torre había fallecido al dar a luz a Carmen, la más joven de ellas. De los 350 deportados en la colonia penal, en esa época, 139 se mantenían y vivían fuera de las barracas. Cossío era uno de ellos.
A través de sus amigos, los Betancourt, que administraban la panadería local, Don Agustín pudo usar uno de sus hornos para fabricar casabe y vendérselo a la población local. También había arrendado una vivienda en un edificio de barro, al lado de la plaza militar.
La construcción tenía un patio central compartido por una bodega, una barbería, una carpintería, una consulta médica, un apartamento de una sola habitación, y el espacio de Cossío, que ocupaba dos habitaciones.
El alzamiento del 26 de julio de 1896
El 26 de julio de ese año, Evangelina Cossío Cisneros, de 17 años, encabezó un osado levantamiento en Isla de Pinos, en el que jóvenes revolucionarios deportados y entusiastas locales pusieron sus vidas en peligro para unirse a las tropas de Maceo. Escogieron la fecha de la fiesta de Santa Ana, cuando supuestamente los soldados no estarían acuartelados y sí celebrando en las calles.
A ese intento bélico de liberación nacional, Evangelina agregó su propio reclamo feminista a la libertad personal en cuanto al hostigamiento sexual: rechazó públicamente las insinuaciones amorosas del comandante de la plaza, y le organizó una trampa en su propia casa.
Según el informe militar sobre la revuelta, emitido por Valeriano Weyler, Capitán General español en Cuba, unos 250 hombres, mal armados, aparecieron en las calles de Nueva Gerona, dando gritos subversivos, mientras un grupo de 14 rebeldes secuestraba al Comandante Militar, Teniente Coronel de Caballería José Bérriz, y lo retenía en una casa amarrado y bajo amenazas, hasta que atacada aquella por una patrulla de la guarnición, fue libertado, y tomó el mando de todas las fuerzas, poniendo en fuga, después de hora y media de lucha, a los amotinados, a los que causó tres muertos.
Los «hombres mal armados» mencionados en el informe militar —en una cifra muy inflada— eran residentes en Santa Fe, quienes participaron como grupo de apoyo en un plan para capturar a Bérriz. Veintiuno de ellos fueron enviados a la fortaleza de La Cabaña, junto con el padre de Evangelina, mientras que a ella la embarcaron hacia la Cárcel de Mujeres de La Habana.
Testimonio de Andrés Fernández Soto
Nacido en 1910, Andrés Fernández Soto es hijo de uno de esos pineros rebeldes. Su padre, su suegro, sus tíos, junto con sus primos y amigos, se contaban entre los campesinos de Santa Fe que cabalgaron hasta Nueva Gerona esa noche de luna de julio de 1896, blandiendo sus machetes y gritando: «¡Viva Maceo!».
En 1990, Andrés recordaba en detalle lo que había escuchado de su padre, Serafín Fernández García. Andrés Fernández Soto relató:
La rebelión fue organizada por pineros y presos, bajo la dirección de Evangelina. Era osada, realmente guapa, dispuesta a matar al comandante, pero el plan era obligarlo a entregar la guarnición de Nueva Gerona, para que los rebeldes pudieran ocupar sus armas. Una vez armados, tenían la intención de tomar el próximo barco para unirse a las fuerzas de Maceo. Nunca tuvieron la intención de controlar el fuerte, solo querían llegar al campo de batalla.
La razón por la cual todos los pineros procedían de Santa Fe se debía a que era el pueblo más importante; y el puerto del río Júcaro era por donde entraban las embarcaciones, y personas famosas se habían curado allí, en sus manantiales medicinales. Gerona era una colonia penal y no se desarrolló hasta después de la guerra. Mi padre nació en Santa Fe en 1875, de padres inmigrantes españoles.
Bruno Hernández era jefe del grupo de Santa Fe y mi futuro padre era el segundo. Cruzaron el puente en lo que es hoy la calle 32, y cabalgaron hasta la esquina de la calle 36 con la 27, después de la casa de Gómez. En la esquina, una patrulla española lo atacó, y allí mismo mataron a Bruno Hernández. Su loco segundo, mi papá, gritó: « ¡Arriba!», pero para poder seguir adelante lo único con que contaban eran machetes y cuchillos.
Evangelina vivía cerca de allí, en lo que es ahora la esquina de las calles 39 y 20. Cuando el coronel entró en la casa de ella, Emilio Vargas, los hermanos Pimienta y algunos otros deportados lo agarraron y lo amarraron. Allí fue cuando escucharon los tiros y salieron corriendo por la puerta de atrás. Los hombres de Bérriz entraron corriendo por la puerta delantera y lo liberaron. A Vargas y a los hermanos Pimienta los persiguieron y los mataron.
Las autoridades apresaron a Evangelina y a todos los implicados, o supuestos implicados en el levantamiento. Mi padre y veinte más del contingente de Santa Fe pasaron dieciocho meses en La Cabaña.
Para Andrés Fernández, el levantamiento, en su visión más amplia, es parte de su propia herencia: «La rebelión de esta joven patriota fue registrada por el Capitán General español en Cuba, así como en el Senado de los Estados Unidos. De manera que realmente es parte de nuestra propia historia. Para mi familia, por supuesto, tiene una importancia especial».
Las noticias sobre el levantamiento abortado se regaron rápidamente entre los
rebeldes y los presos. Evangelina se convirtió en su heroína, tan amada y respetada como su causa. Por el valor mostrado durante los acontecimientos, fue bautizada con el nombre de La Juana de Arco Cubana.
Evangelina fallece en Ciudad de La Habana el 29 de mayo de 1970, a la edad de 92 años. Antonio Núñez Jiménez, la enterró con honores militares.

Anuncios

3 comentarios el “Koti Mujeres

  1. En la Isla de la Juventud una Escuela Secundaria Básica en el Campo (ESBEC) llevó el nombre de Evangelina Cossio Cisnero.Los estudiantes procedían de Ciudad de La Habana. Este centro de estudio para alumnos becados estaba situado en la Carretera del Enlace.Son muchas las anécdotas que pueden contarse relacionadas con el desempeño de profesores, estudiantes y personal auxiliar.Surgieron lazos de afecto y profunda amistad. En el territorio residen en la actualidad egresados y personal pedagógico del curso escolar 1976 – 77.

  2. Mi nombre es Alberto Caballero, mi hermana y yo estudiamos en la ESBEC 26 en el curso 1976-1977. La matrícula era solamente de estudiantes de Las Tunas y de Isla de Pinos, como se llamaba en ese entonces; porque a raíz del XI Festival Mundial de la Juventud y los estudiantes, celebrado en Cuba en 1978, se le cambió el nombre por Isla de la Juventud. Recuerdo que a un lado de nuestra escuela se encontraba la ESBEC 15 Jristo Botev y al otro lado la ESBEC 28 de septiembre y muy cerca de allí la ESBEC 34 Eduardo Modnlane.

    • Gracias por entrar a mi página. Sí, acá en la Isla estudiaron muchachas y muchachos de otras provincias del país y también de más de 30 nacionalidades. Nuestro terruño se convirtió en la isla de la solidaridad. Todavía se les recuerda con agrado. Esta bella página forma parte de la revolución educacional en el municipio. Saludos.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s