Mujeres entre la muñeca y la pelota

Por Karelia Álvarez Rosell Mujer con niños

A Mercedes todos los días la veo salir de su casa con sus dos hijos, al más pequeño lo deja en el círculo infantil y el otro continúa con ella para el centro laboral por no tener con quien dejarlo durante el período vacacional.
¿Y el papá?, le pregunto: “Bien y tú, nos peleamos hace algún tiempo, me pasa 50 pesos por cada uno y cuando se acuerda de los niños los llama o viene a verlos, ya sabes, visita de médico; yo soy la que siempre está presente, dando cariño, resolviéndoles sus problemas y exigiendo un buen comportamiento.”En efecto, el modelo de la familia cubana no es la misma que años atrás. Hoy en muchos hogares las madres, luego de la separación conyugal, son el puntal familiar y tienen el mayor peso en la educación de los hijos.
Es por ello que varias se pasan la mayor parte del tiempo tratando de ser mamá y papá a la vez, en aras de llenar los vacíos de la ausencia que puede dejar la figura paterna, tan importante también en la crianza de sus descendientes.
Aunque el Código de la Familia afirma que luego de la ruptura el mantenimiento de los hijos menores es obligación de ambos padres, aun cuando no tengan la patria potestad sobre ellos y que la ascendencia de las pensiones se fije con relación a los gastos normales de los mismos, así como a los ingresos de los padres, no siempre los papás se sienten responsables de mantenerlos ni de brindarles la debida atención.
¿Quién dijo que el divorcio implica desentenderse de esas criaturas concebidas con cariño y son sangre de nuestra sangre?, ¿por qué nosotras, las féminas, no tenemos una mayor comprensión y cooperación cuando asumimos el papel de madrastas?
Sí, porque como madres queremos y exigimos la preocupación y ocupación paterna, pero al estar en la otra posición no siempre colaboramos para que el actual esposo atienda a sus hijos como corresponde.
Los tiempos que transcurren a partir de las políticas trazadas sitúan a las féminas como seres independientes capaces de proveer a sus hijos, educarlos y adoptar decisiones importantes, incluso de estas devienen cambios en el seno familiar; sin embargo, entre mamá y papá, aun separados, el desarrollo de los hijos suele ser mucho mejor.
Si se reflexiona en tal sentido, entonces esas criaturitas frutos del amor crecerían felices, mientras muchas mujeres no se verían atareadas entre el juego de las muñecas o la pelota, lo cual entre otras palabras quiere decir: madre por partida doble.

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