Añoranza por la infancia

NiñosPor Karelia Álvarez Rosell
Acostadas en la cama, mis hijas y yo, vemos fotos de cuando era niña, se ríen de las motonetas y los lazos que me ponía mi mamá; también de esos ojitos que a pesar de las noches y los días transcurridos todavía muestran cierta picardía infantil.
Qué cosas tiene la vida, a quienes me conocen ahora les cuesta creer que cuando pequeña solía ser traviesa, precisamente por lo sosegada que soy ahora, pero jugaba a la escuelita con ranas cazadas por mis propias manos (ahora me horroriza hasta mirarlas) y le caía atrás a una gallina pinta y sin pelo en el pescuezo para quitarle sus pollitos; al final terminaba corriendo para no ser víctima de una picotazo.En ocasiones pienso con nostalgia en mi niñez, quisiera correr de nuevo por aquella escalinata de Presidio Modelo, esa que mis escasos años no me dejaron comprender la magnitud de su grandeza por haberla descendido años atrás unos osados jóvenes rebeldes, quienes se burlaron de la tiranía y al salir tras las rejas emprendieron la lucha hasta devolverle la alegría a cientos de niños.
Me dibujo en pleno juego a las casitas o la enfermera, a los escondidos en los closet de la casa, mientras desde la cocina escuchaba la voz suave de mi mamá: “vayan a jugar afuera muchachitas”; a la suiza, los yaquis o al burrito 21.
Mi infancia en verdad fue feliz y así quise que fuera también las de mis hijas, aun nacidas en pleno período especial, una etapa caracterizada por limitaciones y carencias materiales de todo tipo; de hecho no abundaban los juguetes, pero a ambas les preservé algunos de los míos al igual que mis libros de cabecera: La Edad de Oro, El Principito, Había una vez, Corazón…
Todavía los conservan y ahora quieren obsequiarle algunos a Cristian, el vecinito del primer piso del edificio multifamiliar donde vivimos, sobre todo los de colorear y otros acordes con su edad porque de los clásicos no quieren desprenderse jamás.
Acostadas las tres (mis hijas y yo) pensamos cuánto tenemos los infantes en Cuba. El hecho de hablar acerca del programa de vacunación nos hizo voltear la mirada hacia el brazo izquierdo, donde bien arriba tenemos la marca de esa inyección que nos ponen al nacer para proteger nuestra salud.
Pero no es esa sola, cada pequeño cubano está protegido contra 13 dolencias, algunas de las cuales constituyen flagelos en muchos países de América Latina y África.
Y disfrutamos cada día de levantarnos bien temprano en la mañana para ir a la escuela porque el acceso a los diferentes tipos de enseñanzas es un derecho que tenemos, como también asistir al médico en algún centro de salud, de ahí la tranquilidad al enfermarnos aunque la inyección nos dé pavor.
Pero la añoranza por mi niñez no quedó en recordar cuánto tenemos los pequeños cubanos sino incluyó el retozo, pensar en los que en otras partes del mundo no pueden ni jugar a las cosquillas porque tienen que trabajar y pintar la infancia cubana con los colores del arcoíris.

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Un comentario el “Añoranza por la infancia

  1. Llindo comentario Kare y Maravilloso Recuerdo el de tu Infancia. La mía también lo fue. Recuerdo a travès de aromas, sabores y olores esa època, la màs linda y mejor vivida de mi vida!!!!!!!!!!

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