A mis “médicos de cabecera”…

imagesPor Karelia Álvarez Rosell
Cada tres de diciembre no me canso ni me cansaré de repetir la historia: llamar, pasarle mensajes o visitar a “mis médicos de cabecera”; cualquier reconocimiento es poco para las mujeres –predominantes en el sector– y hombres de batas blancas, ese ejército de trabajadores de la salud que hacen por la vida.
Con frecuencia suelo decir que mi círculo infantil fue un hospital porque a pesar de haber nacido en los lomeríos del Escambray, crecí, según los médicos, sin anticuerpos por la meticulosa crianza de doña Ceci, mi querida madre.
La tierra no la podía ni oler, mucho menos poner los pies en las aguas del río Agabama porque de tan solo mirarlo ya las amígdalas se me inflamaban para así darle paso a la constante fiebre y, como era de esperar, a las inyecciones.Así crecí, enfermiza y agarré cuantas enfermedades aparecían. No escapé de ninguna. Recuerdo que en la adolescencia andaba con una bolsita con los medicamentos para contrarrestar esas crisis de alergia que muchas veces me obligaban a acudir al cuerpo de guardia del hospital general docente Héroes del Baire.
En la adultez mi estado de salud mejoró, pero mi organismo –así de caprichoso– hace unos años se complicó de tal manera que en una semana no escapé de tres cirugías y una estancia prolongada en terapia intensiva; si bien permanecí colmada de aparatos, medicamentos y análisis, también me hizo mucho bien la preocupación y el cariño de quienes no escatimaron ni un instante para garantizarme la vida.
Pero no soy la única que amanece cada tres de diciembre agradeciendo por tanta pasión y entrega. No hay un cubano que haya podido prescindir de quienes están presentes desde el mismo momento en que un nuevo ser se forma en el útero de la futura madre, hasta el momento del alumbramiento.
Es que con sus manos dóciles, su humanismo y esa vocación de hacer por los demás, se hacen presentes toda una vida. Y su luz alumbra más allá de las fronteras, en recónditos lugares de Latinoamérica, el Caribe y en África, donde son vistos como “dioses”, “milagrosos” o “salvadores”, más ahora al librar una cruenta batalla contra el ébola, esa enfermedad que ya le ha costado la muerte a miles de personas.
El mundo los admira y agradece, gratitud que se multiplica cada tres de Diciembre, Día de la Medicina Latinoamericana, celebración que honra al sabio cubano Carlos Juan Finlay y a quienes no solo salvan vidas sino reparten esperanzas. ¡Felicidades a todos los médicos cubanos, en especial a mis médicos de cabecera!…Anolan, Rina, Raiza, Irina, Jorgito, Quintana, Mabel, Ortiz…

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