Un peso de pan y otro de flores

pan y floresPor Karelia Álvarez Rosell
Camino a casa escuché cuando una estudiante de preuniversitario le decía a otra: “Como te gusta endeudarte, todo lo quieres tener…siempre detrás de lo material”, entonces recordé un proverbio chino que dice: “Cuando tengas dos pesos compra uno de pan y otro de flores”.
¿Lo material o lo espiritual?, tema polémico quizá tanto como qué surgió primero ¿la gallina o el huevo? De los grandes filósofos aprendí que ambos son importantes para el desenvolvimiento de los seres humanos, pero los extremos no le traen a nadie resultados halagüeños.
Con desconsuelo veo cómo cada vez más las personas y en especial los muchachos se inclinan por las cuestiones materiales, y no descansan hasta lograr el último grito de la moda, ya sea calzado, ropa o algunas de esas nuevas tecnologías que han salido al mercado en estos momentos.Y quede claro que no los responsabilizo del todo a ellos, más bien a la escuela, el entorno, los audiovisuales y en especial a la familia, que si bien ha tenido que enfrentar situaciones complejas en estos años cruentos anda endeble –y es mi apreciación muy personal– ante la responsabilidad de formar a los hijos desde que deciden traerlos al mundo.
Considero que hace falta lo material: techo, alimentos, transporte, no hay discusión alguna, pero debemos enseñarles a nuestros críos que no se debe ser infeliz por no tener determinados bienes, porque en la vida no todo se puede alcanzar.
Recuerden siempre al filósofo Diógenes, que vivía en un tonel y cuando Alejandro Magno le pregunta qué desea, con el propósito de ayudarlo, le dice: “Que te apartes, pues me tapas el Sol”. Imposible olvidar este ejemplo. Siempre nos faltará lo material y aferrarnos a su obtención puede ser fatal, mas, lo espiritual no espera a un mañana, es ahora, es ya.
El desafío está en lograr cierto equilibrio. Es verdad que vivimos momentos diabólicos, caracterizados estrecheces y limitaciones de recursos; sin embargo, ello no impide educar con amor e inteligencia.
De lo que les hablo es de alimentarse, vestir, calzar hasta donde den los recursos, dándole prioridad a lo que verdaderamente necesitamos, pero también de arreglarse el cabello porque eleva la autoestima, comprar un buen libro, visitar a la abuelita que tanto nos acunó en sus brazos, ayudar a los demás, tener buenos modales… En fin, sin más cuentas: un peso de pan y otro de flores.

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