A correr, llegan los quince

QuincePor Karelia Álvarez Rosell

Disfrutar el teleplay Mis quince, del joven y varias veces premiado Maikel Jorge Pascual, del telecentro Islavisión, me motiva a conversar acerca del gran acontecimiento social que, según algunas consultas en nuestro país, comenzaron a celebrarse desde la década del ’50.
Este audiovisual, con el cual muchos reímos a carcajadas, supo satirizar parte de lo que ocurre en la actualidad con tal evento, donde se ponen de manifiesto las diferencias económicas entre los disímiles estratos de nuestra sociedad, pues muchas familias no tienen los recursos económicos para realizar una celebración de este tipo.
Pues hoy existe un exigente estándar establecido: las fotos en diversos formatos (álbumes, revistas, libros, llaveros), con el apoyo del photoshop que muchas veces le quita la frescura de su edad al dejarlas irreconocibles, ya sea en la Antártida o en el desierto del Sahara. ¡Ah! y ni hablar de los precios de la oferta.A ello se suman, las ropas y calzados para la ocasión y también la fiesta, donde anda de moda que catorce parejas, además de la cumpleañera y su galán, hagan una demostración de sus cualidades danzarias.
Por supuesto, todo lo anterior precisa de un exquisito equipo, integrado por peluqueras o peluqueros, maquillistas, coreógrafo, decoradores… y cuantos puedan contribuir al deslumbramiento de la festividad, la cual se torna cada vez más ostentosa, provocando un sentimiento de inferioridad en los jóvenes de bajo nivel económico.
Lo cierto es que los quince, edad importante para cualquier muchacha y hasta muchacho, por sumarse estos últimos a las celebraciones, se convierten en un dolor de cabeza para muchas familias, las cuales desde que conocen de la llegada de una niña al hogar comienzan a reunir o criar animales para poder satisfacer las expectativas no solo de la quinceañera, sino de familiares, vecinos y amigos, quienes en ocasiones cargan hasta con los adornos de las mesas.
La adolescencia es una etapa importante en la formación del ser humano por los cambios que experimenta, tanto físicos como sicológicos, por lo que requiere del apoyo y educación de los mayores. ¿Quién mejor que ellos para inculcar en la juventud valores como la sencillez y modestia?
No pretendo dar recetas; sin embargo, considero que más allá de frivolizar el cumpleaños, fomentar la presunción, el culto a lo material y la especulación, los quince deben verse como el tránsito de una adolescente a la madurez, a nuevas responsabilidades; al propio tiempo constituir un momento inolvidable, dignos de ser vividos, pero no precisamente por su opulencia.

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