Historias desgarradoras

Niño trabajandoEs 12 de junio, Día contra el Trabajo Infantil. Urge aunar voluntades para que no hayan más caritas tristes en el planeta porque se les impide ser, precisamente, niños

Por Karelia Álvarez Rosell

El tiempo me apremia, pero hoy es 12 de junio: Día contra el Trabajo Infantil. Y esas historias desgarradoras que todavía pululan en diversos confines de este mundo ameritan detener el paso para alzar la voz a favor de esas criaturitas, a quienes se les cortan las alas y le truncan los sueños.
Me estremece leer: “Unos 10, 5 millones de niños en el planeta, la mayoría de los cuales son menores de edad, trabajan como trabajadores domésticos en los hogares de otras personas en condiciones peligrosas y en algunos casos análogas a la esclavitud”.
Mientras otro sitio web publica: “Mi abuela me vendió a una familia para que trabajara en el servicio doméstico. La dueña de la casa me pegaba, me quemaba con agua hirviendo, me hacía cortes con cuchillos”, manifiesta Kaki, un chico de 15 años de Benín.
Por su parte en Siria, Turku, es un niño que ha tenido que hacerse mayor muy pronto. Con solo diez años se responsabiliza del cuidado de sus cinco hermanos pequeños y para sustentarlos vive con ellos en un campamento de refugiados de Becá, en El Líbano, donde se dedica a recoger chatarra.Tales historias se repiten y algunas suelen ser mucho más crudas. Según la Organización Internacional del Trabajo (OTI) se calcula que uno de cada tres empleados del hogar en el mundo son niños, 15 millones y medio de menores de edad. De ellos, 10 y medio ejercen trabajo infantil sin haber cumplido la edad mínima legal requerida en su país, en condiciones peligrosas o equivalentes a la esclavitud. La preocupación no acaba ahí: 3, 5 millones de estos niños solo tienen entre 5 y 11 años.
Si tales datos resultan alarmantes, mucho más aterra el conocer que sobrepasan los 215 millones de niñas y niños, los que se levantan cada día no precisamente para asistir a un círculo infantil o  una escuela, sino para desempeñarse como prostitutas, vendedor de periódicos, limpiador de carros o zapatos u otro oficio para ayudar a su familia o llevarse a la boca algún pedazo de pan.
Hace unos días amigos de Colombia y Ecuador se sorprendían  durante su estancia por Cuba, al no presenciar a ningún niño mendigar por las calles.
Y es que en mi país, siendo del Tercer Mundo, subdesarrollado y bloqueado hace más de medio siglo, ningún niño es sometido a este tipo de actividad, desde su concepción y hasta que alcanzan la mayoría de edad, tienen garantizados servicios de Salud y Educación gratuitos, y se le facilitan las oportunidades para que, independientemente de su raza, sexo, o estrato social, pueda luchar por sus aspiraciones.
A la infancia, esa etapa maravillosa de todo ser humano, los gobiernos de otras latitudes le deberían prestarle mayor atención; su defensa debe ser constante y ocupar la agenda de políticos para que cada día sean menos las historias desgarradoras y los infantes que nos destrocen el corazón con sus caritas tristes porque se les impide ser, precisamente, niños.

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6 comentarios el “Historias desgarradoras

  1. POr suerte,e stamos despojados de ello..nada tan abusivo como el trabajo infantil.ellos necesitan educación, salud, alegría, juegos, diversión, amor de quienes le rodean.

  2. Soy Mexicano radico en el centro de mi país por aspectos de Pedagogía desde el 2002 e visitado 8 veces Cuba por lo tanto me atrevo a mencionar ! efectivamente los calificativos muy acertados de mi amiga y compañera Kare en su buen artículo; en ninguna ciudad en Cuba se encuentra NIÑOS mendingando o trabajando y triste mente menciono en mi México al Norte al Sur de Costa a Costa en toda ciudad se encuentra uno casos desgarradores de niños con la mano estirada o vendiendo golosinas sorteando los peligros del tremendo trafico de vehículos.

  3. Lamentablemente, Néstor, estas historias abundan en muchas partes del mundo, cada una de ellas me llega a lo más profundo de mi ser, porque se trata de personitas indefensas que no merecen ni el más mínimo de los maltratos. Cómo aceptar que en pleno siglo XXI, con tanto desarrollo, todavía existan criaturas a quienes se les niegue el derecho de ser precisamente niños, cómo entender que exista tanta abundancia y que amanezcan infantes sonándoles las tripitas porque no tienen qué comer, cómo entender que no sepan leer ni escribir, cómo entender que tengan que morir de enfermedades ya curables, cómo entender que no puedan tener un juguete, cómo y cómo… Demasiada injusticia en este mundo extremadamente desigual.

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