Tras las fortunas de Cocodrilo

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                                                                                                                                                  Karelia Álvarez Rosell

Fotos: Gerardo Mayet y Arturo Enamorado

Hora: 5:00 a.m. Nueva Gerona todavía duerme, tan solo escasas personas y autos desandan las calles frías y húmedas como anunciando el comienzo de un nuevo día. Entre esos transeúntes estamos nosotros, los trabajadores del semanario Victoria, que hemos decidido revivir una reconfortante experiencia comunitaria que en esta oportunidad varios insisten en catalogar como una verdadera locura, pero… bendita locura. Los hombres desafiaron a las mujeres y otra cosa no podíamos esperar de los machos, varones, masculinos, quienes no se cansan de ponernos a prueba, por lo que quisieron extender la jornada hasta el día siguiente con el pretexto de pescar en la noche –¡jamás han pescado ni una trucha!– para ver cuántas de las mujeres desistíamos de lo que pretendía ser una mágica travesía.Al final –como siempre– fuimos mayoría. En un camión descapotado y sentados en unos taburetes para hacer más cómodo el extenso recorrido emprendimos el viaje como buenos Don Quijotes, enfrentándonos a la niebla, el viento y las irregularidades del camino; tan solo la alegría, el hecho de vivir algo diferente, el deleitarnos con los atrayentes parajes, sorprendernos con el paso fugaz de un venado u otro animal peculiar de la zona y el contacto con la gente de aquel paradisiaco lugar nos impulsaban a seguir viaje. Hasta el sureño poblado de Cocodrilo, ubicado a unos 100 kilómetros de la ciudad de Nueva Gerona, fuimos en busca de fortunas: su gente sencilla, cálida y los encantos de una naturaleza virgen que cautiva y sosiega. Solo los huracanes interrumpen la tranquilidad de esa pequeña aldea costera que fundaron inmigrantes de Islas Caimán a inicios del siglo XX. Sus poco más de 320 habitantes viven de la pesca, la agricultura o el bosque, que aprenden a cuidar y a querer desde la infancia. Siempre anda de cara al mar, pendiente de la visita de algún forastero, por ello nos brindaron la más cordial bienvenida. En este lugar, según atestiguan los de más año, la vida era muy difícil, la de los pescadores más dura todavía, no había carretera como la que hay ahora, ni electricidad; de ahí que las noches solían ser tan oscuras como la boca de un lobo. Con la llegada de la Revolución los cambios se hicieron perceptibles, pues ahora disponen de un círculo infantil, escuela, farmacia, consultorio del médico de la familia con una ambulancia, servicios comerciales y gastronómicos; además de una planta de generación eléctrica que desde hace algún tiempo se alimenta también con masa vegetal en aras de garantizar el servicio eléctrico las 24 horas del día con menos gasto de combustible y contaminación al Medio Ambiente. Con la agenda ávida de recoger historias y las mochilas cargadas de sueños pernoctamos en Cocodrilo, única comunidad humana ubicada al sur de la isla, un sitio Ramsar -humedal de importancia internacional– y Área Protegida de Recursos Manejados, para darle vida a nuestro Canarreos, ese suplemento para y desde las comunidades.

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4 comentarios el “Tras las fortunas de Cocodrilo

  1. Durante más de seis años recorrrí una gran parte de la Isla de la Juventud. Exploré el norte, el sur, el este y el oeste. Uno de los sitios preferidos de ese sur fue Cocodrilo. Alrededor de 100 kilómetros de Gerona existe el poblado pesquero de Cocodrilo, conocido antiguamente como Jacksonville. Allí residen descendientes de emigrados de las islas de Gran Caimán y Jamaica, que trajeron a estas tierras sus ritmos caribeños para incorporarlos a nuestra música tradicional. Estos últimos llegaron al suroccidente del territorio entre 1903. Además de los emigrantes japoneses, caimaneros y jamaicanos, también residen en la Isla colonos chinos y americanos.

  2. Mi estimada KOTORRA Kare, me hiciste en mi imaginación por tu forma de narrar , acompañarte en tu viaje desde el momento en que te subes al camión y uno a uno se acomoda en su silla o taburete sentados recibiendo el viento y cubierta quizás con una gorra (cachucha) platicando para hacer amena la hora o dos de viaje y en su estancia convivir con los aldeanos asentados desde hace años en su nueva patria, que si antes de la revolución Cubana sufrieron por las carencias ahora viven agradecidos por los medios. Me imagine como muchos de los campos pesqueros que tiene mi país a lo largo de los litorales del Pacífico y del Golfo con sus lanchas de motor fuera de borda y sus redes extendidas en la playa listas para su uso. Como siempre felicidades Kare por tus amenos reportajes en la KOTORRA.

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