Juventud, divino tesoro

Por Karelia Álvarez Rosell

Yuleidis, Ernesto, Kátherin, Manolito…son algunos de los tantos jóvenes de hoy que nacieron en pleno período especial, una compleja etapa para el país iniciada a comienzos de la década de los 90 y que le marcó la vida a los cubanos.
Fue la época en que imperaron las escaseces, algunos fueron protegidos por culeros desechables, mientras otros –en su mayoría– debían seguir con los tradicionales de gasa o algodón; en que desaparecieron las compotas de manzanas o peras de los mercados y ante su ausencia las familias las elaboraban en casa con plátano maduro “fongo”.Ha sido el período de dejar atrás las muñecas, las carriolas, el tira piedras para darle paso a las Barbie, los mp3, mp4, las computadoras, los videos, los celulares, los DVD, los tables y otros equipos surgidos al calor del desarrollo de las nuevas tecnologías de la comunicación.
Nuestras muchachas y muchachos han sido muy marcados por los últimos años vividos en el país, de ahí que no son pocos quienes se preguntan si la continuidad de la Revolución estará en buenas manos; otros son más categóricos en afirmar que la juventud está perdida.
Coincido con los criterios del doctor Miguel Limia, presidente del Consejo de Ciencias Sociales del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medioambiente, cuando insta a romper los estereotipos acerca del joven actual y la estructura de su personalidad, pues no es el mismo de años 60, ni tiene el mismo eje de valoración.
Esta es mucho más individualizada — y ello no quiere decir individualista— por haber sido enriquecida con todo lo que le ha aportado la Revolución, y por tanto, al confrontar las palabras con los hechos tiene una postura mucho más crítica, con una noción muy profunda de su dignidad personal.
Sin duda alguna es muy heterogénea, marcada por las grandes polarizaciones desatadas por el período especial, etapa en la cual predominan valores y expectativas de vida orientadas en lo fundamental al socialismo, pero anhela que se resuelvan las contradicciones e insuficiencias que estamos viviendo.
De veras que no creo que sea una juventud perdida ni mucho menos con pretensiones consumistas, tan solo desea consumir lo que necesita y tener seguridad en ese consumo. No obstante, hay en ella algunos sectores deslumbrados por el mercado porque esta es una sociedad abierta, influenciada por referencias que proponen los medios de difusión masiva internacionales.
Pienso que este sector poblacional aunque está retado a enriquecer nuestros valores revolucionarios, a ser una continuadora más radical y consecuente de la emancipación social, la dignificación personal y la independencia nacional no ha dejado de ser alegre, profunda, estudiosa, patriótica y trabajadora.
Sin embargo, la familia también tiene un decisivo reto en aras de lograr que los hijos, esos divinos tesoros, sean en verdad mucho más participativos y promotores de iniciativas públicas, comprometidos con el manejo de los recursos de la sociedad, y con una mayor implicación en las transformaciones de nuestras organizaciones sociales para hacerlas vehículos eficientes de las motivaciones, necesidades e intereses actuales de la población.

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