Bajo la sombra de un baobab

Por Marjoris López Abad 

En no pocos lugares del mundo, la presencia de médicos cubanos dejó una huella imborrable para la vida de cientos y miles de personas.
Hasta Chad, República geográficamente ubicada en el corazón del continente africano, llegaron en el 2005 algunos de ellos con sus mochilas cargadas también de esperanzas para materializar el sueño revolucionario de un mundo mejor.
Para la doctora Ivis Hernández García, quien labora como especialista de Periodoncia y Estomatóloga General e Integral en Isla de la Juventud, hablar de su experiencia en aquel interesante lugar, le dosifica el alma y le impulsa a ser cada día superior como ser humano.“Trabajé en Mondoú, sitio intrincado del sur de Chad, adonde llegaban personas aquejadas en lo fundamental por fracturas maxilares y mandibulares que atendíamos en condiciones muy atípicas a como lo hacemos aquí; existía el instrumental mas no el personal calificado, de ahí la necesaria presencia nuestra en esa nación”.
Son varias las anécdotas que guarda en su memoria la doctora Ivis. Algunas contadas con la pasión de un viajero y otra con la tristeza de quien lamenta las injusticias aún presentes en el mundo de hoy.
“Allá las personas tienen que caminar kilómetros y kilómetros para llegar a un centro de salud, bajo el fuerte sol y sobre la arena seca del desierto.
“Recuerdo ahora aquella niña de diez años que fue atropellada por un caballo, porque allí son los niños los que cuidan de los animales. La pequeña llegó a mí con la cara hundida después de horas de camino. Por primera vez en mi vida, me enfrentaba a una situación como esa. Limpié todo de manera exitosa y el antibiótico aplicado floreció para sanar. Fue una de mis satisfacciones vividas.”
A pesar de la lejanía de su tierra y el recuerdo permanente de los suyos, los cubanos reconocen que también en esa obra amorosa de ayudar a quienes lo necesitan, se crece como ser humano y la solidaridad se globaliza.
“Sin lugar a dudas en Chad gané como profesional, persona, pero sobre todo se enalteció mi condición de mujer cubana mientras observaba el valor que tienen los derechos que aquí hemos alcanzado, de manera especial el reconocimiento de la sociedad hacia nosotras.
“Allá, en cambio, las mujeres son muy subvaloradas. Ellas llevan el peso del trabajo en sus vidas. Sus rostros muestran la huella del abandono.
“Conocí a una anciana en mis paseos por los mercados que tenía el físico desfigurado, el pómulo hundido y quien sobrevivió a una fractura máxilo-facial pero que nunca recibió tratamiento médico.
“También atendí a una muchacha con celulitis facial que llevaba días de camino para consultarse. No se distinguía su belleza en tanto su cara, tapada completamente, estaba cubierta de aserrín para cubrir la enfermedad.”
En su estancia en Chad, la doctora Ivis Hernández pudo constatar lo que ya conocía por libros de historia, geografía y leyendas. Desde el sagrado dromedario entre los habitantes de aquel país, hasta el baobab, árbol que crece en esas lejanas tierras.
“¿Quién lo diría? Ya conocía al baobab desde la primera lectura que hice de El Principito, mas no pensé que disfrutaría su sombra en uno de esos descansos que hice una que otra vez en el cumplimiento de la misión internacionalista en África.
“Viendo pasar esa gente humilde y bajo el frondoso árbol pensé en cuán olvidados siguen estando millones en el mundo pero sentí el orgullo dentro de quien se sabe privilegiado al vivir en Cuba, donde todos cuidan de sus niños y jóvenes, de las mujeres y los hombres.
“En Chad dejé amigos que nunca olvidaré. Esos que el día de nuestra partida dejaron correr por sus mejillas una lágrima, gritar bien alto ¡Fidel, Che Guevara y Cuba! y diversas frases y maneras de agradecimiento por lo que hicimos, un grano de arena –pienso yo- de lo mucho que falta por hacer todavía en ese hermoso continente”.

 

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8 comentarios el “Bajo la sombra de un baobab

  1. Cuánto me sorprendió y estimuló mis recuerdos la entrevista de mi colega Marjoris. Conozco a Ivis, no solo estudiamos juntas en la enseñanza Media y Preuniversitaria sino que continuamos siendo buenas amigas, somos parte de un buen equipo, por ello conozco de su entrega, de sus dones como hija, madre, hermana, tía y como futura abuela; sus nobles sentimientos trascienden fronteras. Bien merecido este trabajo.

  2. Meritorio el trabajo de las cooperantes Cubanas en todas las partes del mundo,de cerca me toco vivir ese tiempo,alegre porque sea abuela…

  3. Unas de las tantas historias de los cubanos en su paso por el áfrica……………..Muy buena por cierto…………

  4. Nuestros profesionales de la Salud no solo han calmado el dolor en África sino en muchas partes del mundo. Buen trabajo.

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  6. Que emoción me ha causado este trabajo de mis queridas amigas, la periodista y cooperante, un beso y abrazo bien grande a las dos, pero cuentame lo de abuela, jaja

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