Qué necesidad tengo de ti, papá

Por Karelia Álvarez Rosell

Hace más de diez años que no estás; una de esas terribles enfermedades te llevó de este mundo cuando te quedaban fuerzas para escribir ese libro del que tanto hablabas como de otros sueños por realizar.
Se deshoja el almanaque y cada día siento más necesidad de ti, mi viejo. Te necesito tanto, pero tanto que en ocasiones te veo junto a mí frente al espejo, con esa sonrisa pícara, diciéndome que teníamos las mismas cejas y nariz.
No sabes cuántas veces he necesitado de tu abrazo, del consejo, de la motivación para leer un buen libro, del empuje para llegar a otro escalón en la vida, de las sentaditas en la escalera para dejar brotar una de tus confidencias o de aquellas cartas que me mandabas para pedirme disculpas porque se te había ido la mano en el regaño y yo terminada cediendo porque al final sabía que tu amor por tus hijos era inmenso, incalculable.
Recuerdo cuando jugaste a hacerte el padre moderno, el amigo y me llevaste a casa de una ex novia de la juventud. Yo, haciendo gala de la educación daba, me porté a la altura, pero al salir tan solo pregunté: “¿Y mi mamá?” Tus ojitos brillaron y sonreíste para responder: “Yo sabía que no aguantabas, descuida, mamá es el amor de mi vida”.
Eras tremendo, papá. Y no creas que me he olvidado de nuestros encontronazos por ser un machista empedernido, siempre me decía que las mujeres feministas como yo al final se quedaban solas; sin embargo, sé que muy dentro de ti admirabas mi independencia y crecimiento como mujer y profesional.
Mi viejo Tata siempre fue muy estricto, exigente, nos dio una educación férrea, que hoy agradezco; no obstante, a pesar de sus ocupaciones buscó el espacio para bailar un son con un estilo muy propio, hablarnos de las marcas que le había dejado el capitalismo por ser negro y pobre, debatir una película, enseñarnos a tomar sangría, jugar dominó, servir la mesa…
Él sintió cada derrota nuestra como suya y se creció de orgullo con las victorias. Hasta ya enfermo, casi sin fuerzas, fue a la pre defensa de mi tesis como futura licenciada. Fue, además, el que más celos sintió cuando llevé un novio a la casa y un año después le hablé de matrimonio. No olvido su rostro de padre celoso.
¡Ay!, papá, te evoco y lo que más desearía en este tercer domingo de junio es jugar contigo en el piso de la sala, tal como cuando era niña o estrecharte en mis brazos para que sientas esta inmensa necesidad que tengo de ti. ¡Felicidades, mi Tata!

 

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7 comentarios el “Qué necesidad tengo de ti, papá

  1. Este trabajo te salió del alma. Qué amor por tu papá. Yo también lo siento por el mío y lo felicito de todo corazón en este día. Ojalá todos los padres le dedicaran todo el tiempo del mundo a sus hijos y jugaran como lo hizo el tuyo cuando eras niña.

  2. Karelia te felicito por este trabajo, cuyas palabras tienen tanto sentimiento como tu alma y constituye otro fruto más de esas gloriosas enseñanzas que dejó nuestro entrañable Tatica, a quien tuve el honor de conocer y palpar cuánto se esmeraba por dejarle cada día los mejores recuerdos a sus hijos.

  3. Karelia te felicito por este trabajo, cuyas palabras tienen tanto sentimiento como tu alma y constituye otro fruto más de esas gloriosas enseñanzas que dejó nuestro entrañable Tatica, a quien tuve el honor de conocer y palpar cuánto se esmeraba por dejarle cada día los mejores recuerdos a sus hijos.

  4. Mi gran amiga Kare tu siempre profesional, humanista, franca, sutil, narrativa, humana. Muy profundo tu reportaje que al mas duro de corazón lo haces reflexionar y lo único que puedo mencionar a mi edad otoñal !es!.
    !!!!!!!!!QUE FALTA …. ME HACE …..MI PADRE!!!! YA DIOS SE LO LLEVO.
    !!!!!!!!!QUE FALTA …….ME HACE …..MI PADRE.!!!

    • Ay, amigo Néstor, cuánto se extrañan a estas personas que a pesar de nuestros años siempre nos ven como niños y nos llevan de la mano por los vericuetos de la vida. Pero lo mejor es recordarlos con mucho cariño.

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