Flores y leonas

Por Karelia Álvarez Rosell
¿Cómo ustedes pueden con tanto?, me preguntan a cada rato amigos de aquí y de allá. Sonrío y les respondo que las mujeres y en especial las cubanas, estamos echa de una fibra tan suave y fuerte a la vez, que somos flor y también leonas.
No somos tan solo seres especiales por el exclusivo privilegio de procrear, dándole continuidad a la vida sino porque tenemos temple; desde nuestras guerras independentistas venimos dando señales de que no somos ese sexo débil como insisten en llamarnos, pues podemos escalar en la sociedad a la par de los hombres.
Siempre hubo claridad en que la explotación de la mujer tenía formas muy diversas y debía enfrentarse de manera muy particular. Cuando se habla de los logros durante el proceso revolucionario se habla de nuestra participación en la salud, la educación, el deporte, y casi se obvia uno de los progresos más trascendentales: la inserción casi inmediata en la vida pública.
Tanto es así que al triunfar la Revolución las féminas se incorporan a la campaña de Alfabetización, incluso, muchas siendo unas adolescentes que nunca habían salido de su casa y vivían hasta ese momento en una sociedad muy conservadora.
A pesar de ello fueron capaces de romper barreras y de súbito aparecieron en la calle, en las montañas, en zonas muy intrincadas y distantes de sus hogares alfabetizando a familias, muchas de las cuales no sabían escribir ni su nombre; tal suceso era muy propio de los cambios revolucionarios.
No por gusto Fidel nos ha catalogado como una revolución dentro de la Revolución. Solo para dar un ejemplo, en 1959 había en Cuba 403 mujeres médicas y hoy son más del 52 % de todos los galenos existentes en el país.
Pero el gigantesco salto va mucho más allá, somos el 66,6 por ciento de todos los técnicos y profesionales del nivel medio y superior del país y el 72 de la fuerza laboral en el sector de educacional,  el 67 en el sector de la salud, el 43 en el científico y el 21 en la industria azucarera.
Cada vez más aumenta el número de mujeres que ocupan cargos de dirección a todos los niveles. Si en 1994 éramos el 28,8 por ciento hoy representamos el 31,1; ello corrobora la creciente inserción nuestra en la vida política del país y en los puestos de decisión.
Y para continuar con datos ilustrativos: constituimos el cerca del 29 por ciento de los Diputados al Parlamento, el 61de los fiscales, casi el 50 de las juezas profesionales y el 47 de las juezas del Tribunal Supremo Popular.
Sin duda alguna, somos una fuerza decisiva y nuestro rol en la sociedad se acrecentó  todavía más durante los cruentos años de período especial; etapa compleja,  cargada de carencias y adversas circunstancias, con un impacto decisivo sobre las mujeres por llevar todavía el peso de las labores domésticas y ser eslabón fundamental en el ámbito familiar.
Pero las mujeres hemos sabido compartir lo poco, preparar con carbón el mejor de los manjares, cantar y abanicar al crío en medio de un apagón, crear para echar a funcionar todo un proceso productivo, mantener la fragancia de las rosas a pasar del ajetreo y conservar la elegancia con pocos atuendos porque aprendimos que la belleza se lleva en el alma.
No, no renunciamos a los sueños, todo lo contrario, los defendemos día, tras día en las actuales transformaciones que se llevan a cabo en la sociedad cubana.  Con fuerzas renovadoras nos convertimos en  protagonistas porque somos compromiso, dueñas de nuestro destino, esencia de la vida misma y de esta Cuba que actualizamos. Por eso podemos con tanto.

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