Los sueños de “Abu”

En mi Cuba hoy se festejan los 50 años en que los lápices y las libretas  llegaron hasta las montañas y lugares más apartados para sacar al país de la ignorancia
Por Karelia Álvarez Rosell
¿Abuela, tú alfabetizaste? La pregunta era inevitable. Por estos días en los medios de comunicación se festeja el medio siglo de que los lápices y las libretas se multiplicaran en Cuba; que el conocimiento llegara hasta los lomeríos y los lugares más inaccesibles.
Mientras a la “Abu” una sorisa le ilumina el rostro ya con arrugas debido al paso de los años, las nietas dejan en un papel sus trazos para la postal que le llevarían hoy a la maestra por celebrarse el Día del Educador.
Ella se inclina en la mesa y las ayuda con la misma ternura con que  enseñó a aquella familia de campesinos en las lomas del Escambray, en las cercanías del río Agabama; la cual no sabía ni poner su nombre como tampoco firmar ningún documento.
“Era jovencita cuando participé en la Campaña de Alfabetización, mis padres no querían que fuera porque la tarea era riesgosa para las mujeres, al tener que desandar los campos hasta de noche, pero al final los convencí; la Revolución nacía y quería ayudar de alguna manera.
“Como la familia de guajiros trabajaba la tierra en la mañana y la tarde, tenía que ir luego de las 6:00 p.m., muchas veces me cogía la noche y mi hermano tenía que irme a buscar; el camino parecía una boca de lobo, menos mal que él llevaba un farol.
“Al comienzo, José, el viejo, se resistió, me decía que sus entendederas no estaban para numeritos ni letricas porque tenía la cabeza puesta en su conuco para poder alimentar a sus vejigos, que por cierto, eran nueve y Lucrecia, la vieja, llevaba otro en la panza para ver si finalmente llegaba la hembra, de no ser así intentarían otra búsqueda.”
Sonríe “Abu”, tal parece que sueña y escucha de nuevo la voz de José, el guajiro cascarrabias que en aquel entonces la miraba de reojo porque no concebía a una “rebijía” desandar por los montes y mucho menos fuera a su bohío a entretener a su gente con tantas “palabrerías bonitas”.
Ella no desistió, en la misma sala los muchachos la ayudaron a apartar los taburetes para armar el aula, él se quedaba en el portal fumándose un tabaco, el cual mascaba y pasaba de un lado a otro de la boca; pero poco a poco fue acercando el oído hasta que decidió aprender a escribir su nombre.
Como bien explica la abuela Cecilia, son disímiles las historias que escribieron las muchachas y muchachos de ayer durante la Campaña de Alfabetización, esa que sacó al país de la ignorancia y lo inundó de sabiduría.
Esta gran obra hoy se engrandece porque trasciende fronteras. Cientos de maestros, mediante el método Yo sí puedo llegan hasta las comunidades más intrincadas de diversas naciones del mundo para llevar amor, sueños y la luz de la enseñanza.

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2 comentarios el “Los sueños de “Abu”

  1. Felicidades a todos los que contribuyeron a mi educación en esa pequeña islita y a todos los educadores cubanos, muy lindo reportaje y merecido homanaje.

    • Muy buenos esducadores hemos tenido en el transcurso de nuestra vida de estudiantes, no olvidamos a ninguno porque nuestros maestros son consagrados y llevan dentro de sí una infinita pasión. Muchísimas gracias.

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