Conversaciones de ¿niñas?


Por Karelia Álvarez Rosell
“Parecen dragones, es fuego lo que sueltan por la boca”, le escucho decir al viejo Pla, quien camino al mercado quedó boquiabierto por la cantidad de improperios dichos por unas niñas que, según sus cálculos, no sobrepasaban los ocho años.
No es solo el experimentado pedagogo el que se alarma ante situaciones similares, somos varios lo que con frecuencia nos alarmamos con las proyecciones de algunas pequeñas, quienes en ocasiones asumen conductas bastante descompuestas y sostienen conversaciones como si fueran ya jóvenes o mujeres.
Debo decirles que no me considero ninguna mojigata, también pasé por la niñez y la adolescencia, pero cuando intento remontarme en esas etapas de mi vida no me veo diciendo malas palabras, con un hablar chabacano y mucho menos conversando sobre el sexo de manera muy burda, gritado en plena calle; al punto de dejar aturdidos a cuantas personas pasaran por mi lado.Considero que no solo se va demasiado a prima sino que se quema una etapa importante del desarrollo humano y en ese vuelo no son pocas las mariposas a las cuales se les queman las alas en el fuego de la calle.
Es cierto que los tiempos son otros; sin embargo, pienso que vamos a los extremos: de la arbitraria represión a la excesiva tolerancia en los hogares, donde debe comprenderse que ese es el principal escenario para la educación de los hijos aunque la escuela y la comunidad tengan su incidencia.

Somos los padres los primeros educadores y aun cuando estemos frente a un modelo de sexualidad abierta, tenemos que hacer un alto en el camino para orientar mejor a los chicos, decirles, sobre todo a las niñas, cuánto afea su delicado rostro una palabrota o una de esas expresiones burdas, que dicho sea de paso gran parte salen de los estribillos de las canciones difundidas por los medios de comunicación.
Debemos explicarles, también, que la libertad sexual no puede confundirse con la promiscuidad, la falta de pudor, el maltrato, el exhibicionismo, la depravación, la grosería, la carencia de cortesía y de las más elementales normas de educación formal.
Hay que actuar, pero ya, no podemos perder ni un minuto porque tenemos que transformar conducta para que cada vez sean menos lo que como el abuelo Pla se alarmen ante conversaciones de ¿niñas?

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4 comentarios el “Conversaciones de ¿niñas?

  1. De acuerdo, corresponde a las familia influir de manera más intencionada. son muchos los esfuerzos que se hacen en las escuelas para que se diluya de esta manera la eduación de nuestros niños, que pueden ser modelos en las instalaciones educacionales y hasta en la casa pero si dejan esa imagen y se comportan de esa manera en la calle, no se ha completado el ciclo de aprendizaje que comprende, además, una buena eduación formal.

    • Así es Olguita todavía queda por hacer en casa, no basta con decir que los niños y los jóvenes están de anjá, son nuestros y en sus modos de actuación tenemos nosotros una decisiva incidencia. Tanto la familia, como la escuela y la sociedad tenemos el deber de que sacar a esas maripositas del fuego para que no quemen sus alas.

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