Guajiros por un día

Por Karelia Álvarez Rosell

  • Como el lema central del XI Festival de la Prensa Escrita es Mirar al país y debatirlo, los profesionales del semanario Victoria decidimos mirarlo y debatirlo a pie de surco; las mujeres por supuesto nos quedamos atrás

Fotos: Gerardo Mayet Cruz y Arturo Enamorado López
Con la fresca nos levantamos y con los ojos todavía achinados nos dispusimos para ir hasta la campiña. En realidad andábamos algo extenuados debido al ajetreo del día anterior, cuando le dimos comienzo al XI Festival de la Prensa Escrita, pero el compromiso era mayor; además ya aquella gente buena, curtida por las intensas jornadas bajo el sol, nos esperaba.
Muchos habíamos estado por aquellos parajes y logramos dibujar en nuestras mentes qué nos depararían; otros no tenían ni la más remota idea. A pesar del cansancio hubo espacio para la jarana, la risa y el compromiso, ese que establecimos en cuanto supimos el lema central del evento: Mirar al país y debatirlo.
Y no encontramos escenario mejor para darle una ojeada y aportarle que ahí, en el surco, donde mujeres y hombres, cual Don Quijote frente a los molinos de viento, se enfrentan día a día a las malas jugadas de la naturaleza y las escaseces de recursos indispensables para desarrollar la agricultura, ese sistema que tiene mucho que ver con la alimentación de los pobladores.Por ello directivos, periodistas, invitados y demás integrantes del periódico Victoria armamos el campamento en la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Julio Antonio Mella para compartir juntos el duro laboreo del campo.
Allá nos esperaba Giraldo García, ese emblemático guajiro pinero y presidente de la CCS, con parte de su tropa. También nos honró con su presencia Ciro Creach, quien dirige aquí la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP).
En un encuentro informal frente a la casa de Giraldo, nos dieron la bienvenida sin “mucha palabrería” y explicaron las misiones a realizar. Recomendaron organizar dos grupos: en unos los jóvenes y otro agruparía a los entraditos en años, comandado por Sergio (ex director) y Margarita, jubilada.
Ya pueden imaginarse el trabajo para conformar las dos brigadas, sí porque a esa hora pocos querían integrar el segundo grupo. Todos debíamos contribuir con la recuperación de sus siembras de tomate, muchas dañadas debido a las intensas lluvias de septiembre y octubre.
Ligeros subimos a una carreta, el resto se transportó en una guagua. Al final quienes presumimos de esa lozanía innata de la juventud, descubrimos el por qué de las dos brigadas y a mitad de camino no fuimos pocos los que quisimos detener el tractor para quedarnos en medio de aquella maleza.
¡ABAJO…MARABÚ A LA VISTA!
El camino se tornaba abrupto e interminable, por momentos vimos las ruedas patinar en medio del fango, tuvimos la sensación de quedarnos atrapados entre en el lodo y aquellas plantaciones de marabú que achican los trillos.
No pocas veces escuchamos: “¡Abajo…marabú a la vista!,”. Hasta  Luisi, el pequeño de nuestra traductora de la página Web, que quiso acompañarnos en esta travesía campestre, se prestó para espantar los miedos con sus avisos y ocurrencias.
Vimos plantíos afectados mientras otros crecían vigorosos y de sus ramas caían los frutos, esos tomates que tanto anhela la industria y las cenas en los hogares pineros. Nosotros ayudamos a escardar unas siembras en áreas de Giraldo.
Allí, doblando el lomo, sudando la ropa y pinchándonos las manos comprendimos mejor a la gente del campo, a esa que se bate duro con la tierra para sacarle provecho. Al pico de las doce del día, a gritos pedíamos la merienda, pero esta jamás llegó, quién se atrevería a llevárnosla ante los infortunios del camino.
Luego conocimos que Matilde, la directora del Victoria, había salido en una volanta para tratar de encontrarnos; muy buen intento, pero fallido y la falta que nos hacía, pues los “acordes musicales” se intensificaban en nuestros estómagos.
PIDO LA PALABRA
Dijo Giraldo cuando nos quitamos las espinas y la tierra que se impregnaba en cada parte del cuerpo para dar paso al encuentro con los lectores, ese que nunca antes había tenido por escenario el campo.
Sin tapujos y sí con criollismo él, en representación de los campesinos de la CCS, recomendó a ir tras esa maleza que entorpece el impostergable despegue de la agricultura: “No pueden quedarse en el enunciado nada más, cuando digan que los guajiros no cumplieron deben explicar los por qué”.
En ese momento nos quitamos las orejeras, no deja de tener razón, todavía queda por hacer en aras de un mejor producto comunicativo. Y los profesionales de la prensa escrita nos sentimos doblemente regocijados al recibir los estímulos de manos de campesinos destacados.
Entre ellos Ricardo del Toro –más conocido por el Fino–, puntero en la producción de arroz; los ganaderos Normando Rives, Javier García y Mariano García, este último mejor cebador de toro; Orlando Martínez, reconocido criador porcino y cuya finca es de Referencia Nacional, así como Esnoide Pantoja, miembro no profesional del Buró del Partido Comunista en el territorio y devenido en uno de los mejores en el cultivo del melón.
APUNTES PARA UN ¿FINAL?
No precisamente son los apuntes para un final porque prometimos volver y para ello no hará falta la convocatoria para otro Festival de la Prensa Escrita porque tanto el país como la agricultura pinera necesitan de estas miradas traducidas en aporte, ahí, a pie de surco, donde gente buena y de ley se bate bien duro con la tierra; además, nos encantó la idea de convertirnos en guajiros por un día.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s