El rostro del bloqueo


Por Karelia Álvarez Rosell

Foto: Internet

El bloqueo tiene la cara fea. Sí, que la tiene, su crueldad me llega desde muy cerca porque he sido una de las tantas mujeres que ha crecido bajo este engendro estadounidense.
Durante mi infancia, primero en Agabama, un lugar intrincado del Escambray, y luego en esta isla de la cual me dejé embrujar, no tenía la magnitud de esa palabra que insiste en retumbar en nuestros oídos como si fuera un obstinado martillo, clavando una puntilla en una madera bien dura.
Muchos evocamos en boca de nuestros padres palabras como: básicos y no básicos, respondían a un sistema establecido durante un tiempo para que a cada niño cubano le llegara al menos unos juguetes de los pocos que habían podido fabricarse en el país o adquirido en el extranjero debido a las limitaciones de recursos.Aunque de una manera u otra no nos han faltado, porque tanto el Estado como nuestros padres siempre se las ingeniaron para que pudiéramos jugar a las casitas o conducir una rastra al halarla mediante un cordel, sí nos preguntamos muchas veces por qué no permanecieron en nuestras redes de tiendas de manera permanente.
Quienes desconocen cuánto significa la niñez en esta pequeña nación, con seguridad se preguntarán por qué no fue una prioridad. Lo es, siempre lo ha sido como tantas otras a pesar de las imperfecciones, pero  somos el resultado de una política de acoso y estrangulamiento.
Los recuerdos me comprimen el alma al recordar a mi viejo Tata, quien se nos fue a finales de la década del 90 porque no apareció en ninguno de los centros hospitalarios un catete especial para un drenaje biliar; ello a pesar de las cuantiosos sumas de dinero que destina el gobierno para mantener un sistema de salud gratuito.
Pero mis pensamientos van más allá, pienso en los cientos de niños que casi viven en las salas de oncología porque padecen de cáncer y esperan por algún medicamento para atenuar el dolor o alargar la vida; sin embargo, muchos son fabricados en Estados Unidos y por consiguiente no pueden ser vendidos a Cuba, precisamente por el bloqueo.
Así, bajo esta política hostil, que obstaculiza el necesario comercio y el intercambio con otros países, al punto de imponer multas a compañías, firmas o personas que violen el embargo, Cuba ha tenido que ingeniárselas para desarrollarse y cubrir las necesidades básicas de su gente.
Ahora en las Naciones Unidas, por vigésima ocasión en 20 años consecutivos, vuelve a condenarse el bloqueo económico, financiero y comercial impuesto por Estados Unidos, donde 186 países ofrecieron su voto a favor del levantamiento de este acto injusto e irracional.
Ya no somos solo las mujeres, niños, ancianos cubanos… los que exigimos el cese pues cada vez son más las personas y pueblos que en este mundo se oponen a esa política estadounidense porque lacera la vida de millones de personas que un buen día escogieron el camino del decoro para ser verdaderamente libres y plenos.

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