¿Quién dijo invisibles?

Por Karelia Álvarez Rosell
Foto: Jesús Mirabal
Mayelín no olvida el día en que le propusieron dirigir a los más de 140 asociados a la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Juan Manuel Márquez,  ubicada en el poblado de Argelia e integrada en su mayoría por hombres pues tan solo 23 son mujeres; la respuesta fue rápida y concisa: NO.
Por supuesto que a muchos de los integrantes tampoco les agradó la idea, imagínense, aunque los guajiros se han modernizado por estos parajes, todavía un grupo significativo llevan las tradiciones  bien arraigadas; no conciben ser comandados por las compañeras  porque solo ellos llevan bien puestos los pantalones.
Tanto la convencieron los directivos de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños aquí que al final Mayelín Ceveira Ferrales, sin pretenderlo, se convirtió en la primera mujer del territorio en dirigir una organización de base campesina, la cual en estos momentos es una de las que mejores resultados muestra tanto en el acopio de leche como entrega de carne. No solo el nombre de Mayelín viene a mi mente en este 15 de Octubre, Día Mundial de la Mujer Rural, instituido por las Naciones Unidad desde 1995 cuando en Beijing celebraron la IV Conferencia Mundial sobre la Mujer, sino también el de Yudelaine Matos Andino, presidenta de la CCS Sabino Pupo, en La Reforma y Miriam Cabrera Fuentes, de la Ernesto Che Guevara, en Nueva Gerona.
Pero también evoco a Edelia Cáseres, quien le da vida a la finca La Orquídea, en La Fe, al punto de alcanzar durante el reciente recorrido de la dirección de la Agricultura Urbana y Suburbana, movimiento popular para el fomento de vegetales y condimentos frescos, la Doble Corona.
Y al penetrar más en la campiña, vale mencionar, además, a dos féminas que por La Melvis hacen de las suyas, desafían la rudeza del bregar y dejen boquiabiertos a quienes subestimaron su entereza.
Las vecinas Griseli Lamuth y Sol Estrella García, dan aleccionadoras respuestas. A las nueve de la mañana atienden el pozo que abastece de agua al poblado y luego cultivan un pedazo de tierra.
Muchos fueron los incrédulos cuando conocieron de la decisión de ambas, “mi esposo estuvo entre los que no creían y en una ocasión hasta me dijo que a esos suelos no le iba a sacar provecho ni en cinco años”, expresa Sol Estrella.
“A él y a los demás los he dejado sorprendidos porque a solo un año las transformaciones del terreno están ahí, a la vista de todos: plantaciones de yuca, boniato, calabaza, plátano y malanga crecen donde antes había marabú y mala hierba.”
Mientras Griseli, alega: “No vayan a pensar que fue tarea fácil, fueron jornadas intensas, tumbar marabú no es coser y cantar, pero si nos rajamos antes las cosas complejas, entonces quién trabajará la tierra; hace falta producir para el pueblo.”
¿Qué contraste? Según las Naciones Unidas en el planeta hay 550 millones de pobres en zonas rurales, de los cuales el 70 por ciento son mujeres. Y si acercamos las cifras a nuestro hemisferio, en América Latina y el Caribe son más de 86 millones, de ellas viven en extrema pobreza más del 50 por ciento.
Lo cierto es que cuando en otras partes del mundo se les llama trabajadoras invisibles, pero Mayelín, Yudelaine, Miriam, Edelia, Griseli y Sol Estrella, por solo citar algunos ejemplos, demuestran que en el territorio pinero las féminas rurales no se anulan y mucho menos están solo para embellecer los campos porque ellas resultan imprescindibles en el programa agroalimentario por su constancia, responsabilidad e inteligencia.

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