Mamá, corre, mira a René con sus hijas

Por Karelia Álvarez Rosell
Todavía retengo en mi memoria la expresión de mi pequeña, cuando anoche en el televisor aparecieron las imágenes de René González al salir de la presión de Marianna, en la Florida, el viernes 7 de octubre de 2011, a las 4:30 de la madrugada.
La impresión fue tan fuerte que dio un salto en el sofá para luego reclamar mi presencia en la sala: “¡Mamá, corre, corre, mira a René con sus hijas!”.
Esa agradable noticia retardó la cena en casa, pero el conmovedor encuentro de este hombre, recluido por más de diez años en una prisión estadounidense por luchar contra el terrorismo, con su familia merecía hasta que se paralizara el tiempo aunque fuera por unos minutos.Nos sentamos juntas y sin darnos cuenta nos contagiamos con la alegría de aquellas niñas que a pesar de haber crecido en la distancia y sin la presencia de papá, nunca pudieron olvidarlo porque siempre estuvo a su lado, e incluso, hasta en las oscuras y tormentosas horas en el hueco, del cual no pudo escapar ni en los últimos minutos porque el ensañamiento contra los Cinco Héroes ha sido desmedido y cruel.
El teléfono acorta la lejanía de una pareja fortalecida ante el dolor y la injusticia: “Mi amor, mi tesoro. ¿Cómo tú andas? (…) dicen ellas que estoy de lo más lindo. Aquí está tu hija mayor tomándome películas. Están lindísimas las dos”, le dice René a su esposa, Olga Salanueva, quien no obtuvo permiso de Estados Unidos para viajar a ese país debido a la salida de su esposo de la prisión.
Desde mi casa pude escuchar la algarabía en otros hogares, el emotivo encuentro, que ya no cabía en aquel carro conducido por su padre, era presenciado por cientos de pineros y cubanos, esos que han unido sus voces para reclamar la libertad de cinco valerosos hombres.
“Pero, mamá, ¿René, todavía no puede regresar?”. Tendrá que permanecer en ese país bajo el régimen de libertad supervisada por tres años, es una nueva injusticia que se comete contra el hombre, luego de cumplir injusta prisión en Estados Unidos durante 13 años.
Serán tres años más lejos de su patria, de la Cuba que tanto ama y sueña, de las canciones de Silvio y la rumba, del aroma del tabaco y el café, del calor de su pueblo que sin cansarse reclama su inmediato regreso.
En realidad nos conmovió la noticia de su salida y el encuentro con sus hijas, ¿qué ser humano no experimentó una mezcla de sentimientos ante las tiernas imágenes?; sin embargo, la celebración no fue completa, todavía su vida peligra, al igual que la sus cuatro hermanos.
Por ello no descansaremos hasta tenerlos de regreso. Esa es la lucha de hombres y mujeres dignos en todo el mundo, esa será la lucha de René, quien, desde una libertad supervisada, seguirá en la batalla por la liberación de sus compañeros.

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