El barrio nos llama

Por Karelia Álvarez Rosell
Así es, siento que el barrio me llama, pero no a mí sola sino a todos aquellos que al llegar a los 14 años de edad apostamos por la organización que disfruta el privilegio de ser la más amplia del territorio nacional: los Comités de Defensa de la Revolución.
Se crearon un 28 de septiembre de 1960, bajo los estallidos de las bombas resultantes de los sabotajes perpetrados bajo la égida yanqui por destruir la naciente Revolución cubana.
En el balcón del Palacio de la Revolución, Fidel le explicaba a los cubanos los resultados de su visita reciente a los Estados Unidos para participar en la Asamblea General de Naciones Unidas y los encuentros que allí tuvo con diferentes sectores sociales.Desde entonces diversas generaciones han estado defendiendo las conquistas alcanzadas desde sus cuadras o el barrio, ese espacio donde el calor de pueblo se multiplica para conservar la divisa mayor: la unidad.
Dentro de esta organización que nos convierte en familia aportamos, en gesto humanitario, nuestra sangre para quienes lo necesiten, aprovechamos en los hogares esa materia prima que puede reincorporarse al proceso productivo, higienizamos y embellecemos la comunidad; así como le damos seguimiento tanto a la abuelita sola como al joven que debido al entorno familiar desaprovecha las oportunidades.
Por tales razones en las cercanías de la fecha en cada comunidad se arma la fiesta, todos aportan para engalanarla, de manera espontánea los cederistas hacen cadenetas, colocan banderas cubanas o del 26 de Julio y, por si fuera poco, sacan mesas, sillas y el mantel previsto para las grandes ocasiones.
¡Y de que se cocina la caldosa, se cocina!, ya esta se ha hecho tradición, para la cual aunque la dirección de los CDR en el Municipio entrega suministros, los del barrio la enriquecen con el aporte voluntario de cada cual, e incluso, hasta de los más pequeños de casa, quienes muchas veces asumen la actividad cultural.
Mejores que ayer, y mañana mejores que hoy, es la máxima de los cubanos que en el duro bregar por este mundo colmado de desigualdades, ambiciones y agresiones, hemos tenido que mantener la vigilancia y la defensa de los más nobles valores por los que se ha distinguido la Revolución.
Ya desde mi apartamento sale la música, mientras, los demás cederistas en la acera o un rincón pelan viandas, barren la calle al compás de la cadenciosa melodía y otros colocan más banderas, retocan la cuadra porque la unidad del barrio nos llama.

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