Siempre pineros

Por Karelia Álvarez Rosell

Foto: Archivo

Esta pequeña isla que siempre anda de cara al mar y le sonríe a los forasteros, por cuyas cálidas aguas navegó Cristóbal Colón al descubrirla en 1474 para luego convertirse en ruta de corsarios y piratas, anda de celebraciones en este dos de agosto.
Ese día, pero de 1978 –año del XI Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes, celebrado en Cuba– selló el compromiso de una importante etapa de trabajo creador. El esfuerzo de tantos años de quehacer y transformaciones era retribuido con el cambio de Isla de Pinos por el de Isla de la Juventud.Desde la escalinata del Presidio Modelo, por donde descendieran Fidel y demás sobrevivientes del Moncada el día que el pueblo logró su amnistía, se materializó la proclamación. En presencia del Comandante en Jefe y de invitados de diversos continentes, los protagonistas del cambio escucharon las palabras de Raúl Roa, entonces vicepresidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular:
“(…) Ya hoy la Isla es parte viva de Cuba. (…) la vida canta por todas partes, la esperanza flamea en los corazones; el trabajo, y la defensa convergen en la acción cotidiana; el espíritu internacionalista florece pródigamente en las escuelas (…) con sus aulas abiertas a todos los niños y adolescentes del mundo. La Juventud marcha al frente, marca el paso, da el ejemplo haciendo suya la Isla…”
Y los jóvenes se lo habían ganado por derecho propio, fueron ellos los que llegaron a esta tierra de ensueños a responderle a nuestro querido Fidel cuando los convocó a transformarla y avanzar mucho más.
La juventud se movilizó entonces y comenzó a llegar hasta el entonces sitio de destierro para patriotas, colonia norteamericana, presidio, zona franca, sitio de juego y corrupción, ya sea en brigadas o columnas juveniles, que armaron sus campamentos y combinaron la alegría con el esfuerzo cotidiano para hacer de este terruño más próspero.
Fueron manos jóvenes las que plantaron árboles, cultivos agrícolas y construyeron caminos, embalses, carreteras, la torre de televisión y escuelas en el campo donde no solo cursaron estudios los habitantes de esta isla sino también estudiantes de más de 30 nacionalidades de América Latina, África y Asia.
Ahora esas fuerzas se unen con las de las generaciones posteriores y entre todas se libran nuevas batallas, como la del cambio de mentalidad para lograr en el menor tiempo posible la actualización del modelo económico del país en aras de que haya más bienestar para todos.
De celebraciones andamos los habitantes de la Evangelista, Ahao, Camaraco, Reina Amalia… Isla de Pinos o Isla de la Juventud; los habitantes de esta isla que siempre anda de cara al mar y por muchos nombres que tenga siempre serán pineros.

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