¿Ser la madrastra de Cenicienta?

Por Karelia Álvarez Rosell

No son pocas las personas que insisten en interpretar el papel de la malvada madrastra de Cenicienta y me pregunto por qué, si ese personaje de la literatura infantil representa la perversidad.
No es mi intención destapar heridas, sí reflexionar acerca de un tema que tiene muchas aristas –depende de cómo lo mire y sienta cada cual– y lacera a infantes que nada tienen que ver con las rupturas matrimoniales.
Si miramos a nuestro alrededor nos percataremos del elevado  índice de mujeres con hijos separadas o divorciadas que han vuelto a encontrar pareja. De igual modo observamos a hombres asumiendo la responsabilidad de educar a pequeños que no son los suyos y lo hacen de tal manera que hasta las mismas criaturas llegan a amarlo como si fuera el verdadero progenitor.Sin embargo, considero que no siempre sucede igual cuando somos nosotras quienes debemos llevar al hogar a los hijos de él con otra persona, a pesar de haberlo aceptado en un inicio.
Lo cierto es que con el tiempo aparecen discrepancias en la pareja y los hijos ajenos cargan con la culpa, por la sencilla razón de considerarlos la sombra o la presencia viva de la madre; de ahí la indiferencia, el celo y en ocasiones hasta el maltrato hacia esos hijastros que un buen día optaron por permanecer al lado de papá, teniendo a mamá.
Varias compañeras han llegado más lejos, al afirmar que si el padre cumple no solo con la mensualidad sino también se preocupa de cuanto acontece en la vida de su hijo, es porque todavía queda algún vínculo amoroso con la ex esposa.
Si meditamos al respecto con sensatez nos reprocharemos cada una de estas actuaciones. No podemos olvidar que estos niños algunas veces rechazados pudieran ser los nuestros. Además, no me nieguen que resulta reconfortante poder contar con la figura paterna aunque ya no viva en el hogar.
La elección de una nueva pareja no debe ser bajo la condición de: “a ti sí, pero a tus hijos no”. Debemos proyectarnos en cada momento como verdaderos seres racionales, por algo nos diferenciamos del resto de los animales.
Entonces, actuemos con madurez. Tanto la ex esposa como la actual tienen un respetable lugar y ambos hay que saberlos distinguir. Los hijos de los anteriores matrimonios no pueden quedar arrinconados como aquellos objetos viejos que desempolvamos cuando nos acordamos.
Los invito a un sano análisis y sepan que me agradaría mucho conocer que a partir de este instante serán menos las mujeres ansiosas en interpretar el papel de la madrastra de Cenicienta.

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2 comentarios el “¿Ser la madrastra de Cenicienta?

    • jajajaja de eso no me queda la menor duda, pero es verdad queremos que la esposa de nuestro ex trate bien a nuestros hijos; sin embargo, no siempre somos consecuentes con los de nuestra nueva pareja, ellos no tienen culpa de los asuntos de los mayores, saludos.

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