¿Me caso? o ¿no me caso?

Por Karelia Álvarez Rosell
Aunque algunos especialistas aseguran que el matrimonio nunca va a desaparecer, no son pocas las personas que en la actualidad se rehúsan a la vida en pareja legalizada y optan por las uniones consensuales, que son tan antiguas como el casamiento.
Las informaciones estadísticas revelan los primeros indicios desde los tiempos de la colonia. Estas relaciones eran social y jurídicamente discriminadas, hasta en las leyes vigentes en aquel entonces no se reconocía la legitimidad de los hijos nacidos de ellas.
A pesar de los intentos no fue hasta 1975, con la promulgación del nuevo Código de la Familia, en que el Estado cubano le confirió verdadera protección a la consensualidad, así las uniones libres y las legales tuvieron el mismo significado ante la sociedad.Resultan diversas las causas que inciden en el incremento –no solo en nuestro país sino también en América Latina y el resto del mundo– de tales uniones, entre las cuales sobresalen la inestabilidad económica, la marcada evolución de los paradigmas tradicionales de pensamiento y, en nuestro caso particular, la compleja situación de la vivienda, por lo que muchas veces las parejas viven agregadas.
No obstante, el matrimonio como institución cultural y tradición social, continúa siendo un atractivo para muchos y, a su vez, un motivo de celebración porque “queremos hacer público nuestro amor” y “deseamos constituir juntos una familia sólida, enfrentar sueños y retos”, como me confesaron algunas parejas.
Pero si de festividades se trata, existen quienes van a los extremos al tirar la casa por la ventana y convierten el acontecimiento en toda una especulación.
Es normal que para la ocasión se guarden recuerdos agradables; sin embargo, considero que las mejores emociones no las proporciona un gran salón, los trajes ni las fiestas pomposas, mucho menos el carro lujoso que los exhibe por las céntricas calles.
Para mí ese derroche no es lo más importante como tampoco el tipo de relación que decidan tener un hombre y una mujer ni la firma de un documento sino esa capacidad de descifrar y moldear los enigmas que encierra la convivencia en pareja, considerada como el vínculo interpersonal más complejo del ser humano.
¿Me caso? o ¿no me caso?, se preguntan no pocas personas y en esa decisión, créanme no los puedo ayudar pero sí permítanme decirles que la esencia radica en defender, por encina de cualquier otro sentimiento, el amor, esa pasión que nos hace edificar un camino de luces sin odio, resentimientos y olvidos.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s