Este era un gato

Por Dora Alonso
¿Te gustan los gatos? Dicen que son traicioneros, pero yo pienso que tienen mucha personalidad y orgullo, y por eso no siempre están de acuerdo con los dueños, como sucede con los perros, quienes a veces son excesivamente obedientes y no tienen opinión propia. Los felinos son además, muy independientes e intuitivos. En esta ocasión te traigo un cuento sobre un gato muy original. Lo escribió Dora Alonso, una reconocida y querida periodista y escritora cubana ya fallecida, a quien gustaba mucho estar siempre rodeada de niños… y de gatos. Te invito a conocer esta obra suya, publicada en edición reciente por la editorial Gente Nueva. Pues…Este era un gato barcino, de grandes bigotes, uñas larguísimas y rabo largo, largo y flaco reflaco. No era bonito el gato, pero era joven y estaba siempre muy alegre y deseoso de hacer cosas nuevas.
Como ese gato cambiaba tanto de opinión, una vez se le ocurrió que ya estaba bueno de correr detrás de los ratones. Pensativo, se encaramó en el tejado, miró a todas partes y se dijo que el mundo era demasiado grande para dedicar toda la vida a cazar ratas, hacer runrún y maullar en distintos tonos.
El gato, de momento, se mantuvo indeciso entre ser aviador o hacerse músico. Al final lo echó a suerte diciendo: ¡Tin marín de dos pingüé! ¡Cúcara mácara títere fue!
Pero terminó queriendo ser equilibrista. “Seré prestidigitador, maromero, mago y trapecista. Algo seré en el mundo, además de gato.”
Al principio todos se burlaban, al verlo siempre con la cabeza llena de chichones, porque en cuanto montaba la bicicleta o caminaba en la cuerda floja… ¡cataplún!, se iba al suelo, de donde se levantaba cojeando y lleno de golpes, pero sin darse por vencido.
“¿Qué importan los golpes? Eso pasará. Nada me hará retroceder”.
Pasaba el tiempo y los mirones, cansados de verlo hacer la misma cosa todo el tiempo, lo dejaron solo, acabando por olvidarse del aprendiz de equilibrista.
-Es un gato chiflado- se burlaban- Un gato completamente loco.
La sorpresa fue grande cuando, al cabo de muchos meses, vieron en un circo al gato barcino, que exhibía un traje que tenía bordado un corazón en medio del pecho, y con un bonito lazo rojo en el cuello. Entre aplausos, el gato caminó la cuerda floja sobre dos ruedas e hizo maravillas lanzando al aire chambelonas de menta, piña, fresa y limón, que volaban en sus manos sin fallar una sola vez.
Pero no crean ustedes que después de aquel éxito el gato quedó satisfecho. Como era tan inquieto, volvió al tejado para imaginar nuevas aventuras.
¿Quién puede adivinar lo que hace el gato en este momento?

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