Los secretos del paraíso

Por Magdi Puig Benítez
Fotos: Arturo Enamorado López

  • Viajar a Cayo Largo del Sur es una especie de temporada especial para sembrar recuerdos propios, intransferibles. Es estar dispuesto a develar los secretos del paisaje y la gente

Tener los sentidos listos a escuchar los pájaros, entender de qué lado viene el viento, oler la sal del mar, observar el espectáculo maravilloso del horizonte cuando el sol se esconde.
Conocerlo implica dejar la huella en la arena y ensuciarse los pies, y recoger caracoles o alguna esquirla. Alienta a los espíritus andariegos a jugar a hacerse el tonto, a despertar el sentido del asombro, buscar las pistas de leyendas y mitos antiguos que descansan en los más íntimos recuerdos del lugar.PIRATAS Y CIMARRONES DEL CARIBE
Por ejemplo, cuentan que cuando Cristóbal Colón hizo su segundo viaje y descubrió la que llamara La Evangelista, hoy Isla de la Juventud, refirió en su diario la existencia de un cayo largo, el cual se cree sea el mismo que ahora abordamos.
En sus costas enarbolaron los piratas su bandera de las tibias y la calavera, tal vez para ocultarse o refugiarse de la furia de un huracán. Así lo hacen pensar las tres naves sumergidas en sus aguas. Hay quien cree, incluso, que allí enterraron sus tesoros y no han sido pocos los que rondaron la zona para encontrarlos.
El lugar fue testigo, también, del cimarronaje de esclavos que escapaban del sur de La Habana y Matanzas y se conoce de la existencia de una población aborigen abundante, sobretodo de prealfareros.
Algo interesante de este destino turístico es que tiene una vegetación costera muy amplia. Existen 74 especies botánicas típicas de allí, en particular la Yana (conocarpus erectus), una excelente madera para hacer carbón y lo suficientemente intrigante para tejer leyendas.
Hoy crece en sus tierras uno de cerca de 800 años de existencia o por lo menos así lo corroboran las pruebas de carbono 14 realizadas al majestuoso árbol. Tiene una vitalidad increíble y desarrolla su frondosidad donde la humedad es permanente.
Esos datos dieron lugar a innumerables relatos a través de los siglos, algunos de ellos sumamente curiosos y poco conocidos. No puedo decir que sean o no ciertos, pero algo es innegable, son mágicos.
Dicen que bajo ese enorme árbol descansaban algunos palenques fugitivos por allá por los siglos XVII o XVIII. Así, un príncipe o rey de Ghana que había escapado de las plantaciones de Jagüey y otros esclavos cimarrones establecieron contacto con algunos piratas que rondaban las costas y negociaron un viaje hasta el continente africano.
En el camino, la nave fue amotinada y se fue a pique. El príncipe salvó su vida y regresó a Cayo Largo. Los que allí se quedaron, al verlo, lo creyeron traidor y lo ejecutaron. Desde entonces las dos grandes ramas de la yana significan una el bien y la otra el mal. Pero ahí no terminan las historias.
UNA CRUZ, OTRA LEYENDA
La cruz descansa justo en medio de la plaza del pueblo donde hoy se alojan los trabajadores de Cayo Largo del Sur. Su popularidad viene justamente por su estrecho vínculo con la cultura ancestral: los ritos afrocubanos.
Todo comenzó cuando uno de los trabajadores babalawo, hace cerca de 30 años, decidió darle curso a sus creencias religiosas e hizo la cruz para realizar sus cultos afrocubanos.
Babalawo en yoruba significa “padre del saber o de la adivinación” (de baba: padre, y awo: adivinación). Constituyen la más alta jerarquía dentro de la Regla Ocha y la religión Yoruba – Lucumi, pues son los depositarios del conocimiento encerrado de las sagradas escrituras de Ifá, el más complejo oráculo de que se tenga conocimiento.
El babalawo, según la ortodoxia cultural, es el encargado de entregar los orichas guerreros, primer paso en la consagración dentro de la santería. Este sacerdocio impone determinada conducta social y personal, pero lo que más lo distingue es el estudio constante de la naturaleza y el Universo, pero sobre todo de los textos Sagrados o Tratados de Oddun, una extensa obra en la que predominan el simbolismo y un intrincado lenguaje Yoruba.
Así este hombre hizo un sendero espiritual alimentando las creencias de aquellas personas con necesidades de fuerzas superiores.
En un principio estuvo en la zona de la yana donde hacía sus ceremonias, luego la trasladó a donde descansa ahora.
Así adquirió relevancia y creció la creencia de que la cruz tenía ciertos poderes. Ahora, aún después del fallecimiento de este señor, las personas acuden a rendirle pleitesía poniéndoles ofrendas, velas y monedas.
Especial desde el principio
En Cayo Largo la arena es siempre fría, extremadamente fina, muy blanca y refleja toda la luz del sol. Tiene un origen químico por la destrucción de las carcarenitas. A este tipo de arena se le llama arena olítica. Aquí está la diferencia con la mayoría del mundo, pues en otras playas son de origen orgánico por la descomposición que provoca el oleaje del arrecife coralino.
También en Cayo Largo la naturaleza se destaca por la conservación de su virginidad. Por eso su slogan es En un principio todo fue así.
Es posible disfrutar de puestas de soles maravillosas, del espectáculo nocturno del cielo y las estrellas por la poca contaminación lumínica, el calor, el entorno, la vegetación y los fondos marinos ideales para el buceo.
En sus alrededores crecen el mate de costa y la verdolaga de playa, el ciruelillo, el hicaco y la cuabilla, el guano de costa y plantas características de este tipo de terreno, al tiempo que enredaderas, salvias y manglares adornan con su tejido antiguas dunas.
Con respecto a la fauna existe un programa de protección dirigido a las tortugas marinas, pues entre los meses de abril y septiembre las costas sirven de punto para la reproducción de especies como las caguamas, tortugas verdes y carey.
En este proyecto los vacacionistas participan en la devolución de las pequeñas tortuguitas al mar. También iguanas, gaviotas y pelícanos rondan el lugar.
Cayo Largo del Sur es un paraíso que esconde sus secretos al desconocido y devela historias fascinantes a quienes los visitan.
Hace comprender que un viaje está hecho de cosas aparentemente insignificantes como el aleteo de un pájaro, una cruz en medio de una plaza, un árbol gigante.
Viajar allá hace pensar en replantear la vida y agudizar la sensibilidad.

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