En defensa del vuelo sin alas

Por Karelia Álvarez Rosell
Muy inquietada quedé cuando un bixitaxista, esos que a golpe de pedales nos transportan de un lugar a otro de la cuidad geronense, me comentó su preocupación:
“Oiga, hay muchachos que están del cara´. Cada día empiezan las relaciones sexuales más temprano, algunos desde pequeños hablan con desenfado sobre estos temas y se proyectan de cada manera que dejan mucho que desear.
“Ahora aparecen cada prácticas que me erizan la piel y también quienes andan a la caza del mejor partido, ese capaz de proporcionar bienes materiales y solvencia económica porque el amor no cuenta.
Sudoroso de tanto esfuerzo físico bajo el intenso sol manifestó que “ese libertinaje me hace pensar en mi hija”. Le dije que también evocaba a las mías y a sus coetáneos, quienes miran la vida desde otro prisma debido a la instauración de adecuados patrones de conducta en el medio familiar porque aunque no sea esta una situación generalizada sí es una alarma de pérdida de valores y escrúpulos que de no accionarse puede intoxicar a la sociedad. Pero mis pensamientos no solo se detuvieron en los adolescentes o jóvenes que andan con cierto desatino o realizan prácticas sexuales (como el sexo en grupo, por citar tan solo un ejemplo) por baratijas, las cuales unos pocos por suerte, no sé por qué, insisten en llamar “¿sexo abierto, franco y placentero?”.
Créanme, no soy ninguna mojigata, pero los practicantes tienen una autoestima muy baja, al carecer de amor propio, sentido de valoración personal, sentimientos de autoconfianza y de esa capacidad para tener una correcta visión de futuro y un proyecto de vida.
Si bien las relaciones sexuales siempre han sido un tema controvertido a lo largo de la historia de las civilizaciones, ahora urge una mirada del tema porque la educación no puede quedar al azar debido a los riesgos que implica una sexualidad irresponsable.
La sexualidad es algo maravilloso, que de veras merece vivirse, pero no de cualquier forma, menos con esa promiscuidad, carencia  de pudor y valoración personal sino de manera responsable; ello dependerá de los conocimientos sexuales, valores, principios, actitudes positivas y habilidades sociosexuales necesarias; así como del desarrollo de una buena autoestima.
Y hacia una superior formación de nuestras muchachas y muchachos debemos ir porque no podemos conformarnos con los embarazos no deseados, los divorcios, las infidelidades, la violencia, las enfermedades de transmisión sexual, los problemas de pareja…
En los hogares, la escuela y la sociedad en su conjunto queda por hacer, sobre todo en cuanto a esa anhelada comunicación entre padres e hijos, la cual debe romper barreras para darle paso al diálogo, la enseñanza, el verdadero goce y amor, ese que no se compra con dinero, llega así de súbito, se comparte entre dos y nos hace volar sin tener alas.

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