Mila, mi hermana angolana

    Una inesperada llamada me hace evocar los años en que estudiaron aquí jóvenes de África, América Latina y Asia
Por Karelia Álvarez Rosell
–Por favor con Karelia.
–Es la que habla.
–Es de Angola, no cuelgue, Mila le quiere hablar…
No sé explicar cómo me sentí al recibir esa llamada telefónica de manera inesperada, jamás pensé que al cabo de más de veinte años pudiera suceder; no lograba salir del asombro, tampoco contenerme, por mis mejillas corrían lágrimas.
De pronto escuché su voz: “¿Mi hermanita, eres tú, soy yo, Mila, cómo estás? Y como disparos de ráfaga seguía sin permitirme tan siquiera responder una palabra: “¿Dónde está papá, mamá y mi otra hermanita, la recuerdo bien aunque era más chiquita?, ¿todavía se chupa el dedo?… ¡Ay, cuánto tiempo, me parece mentira, mi Cuba, mi Isla querida!…Sin tiempo para recuperarme del asombro y en medio de suspiros  apenas pude identificarme, entonces en el teléfono reinó un silencio; ahora era ella quien me obsequiaba sollozos; ambas compartíamos las mismas emociones, los mismos sentimientos.
Es que María Emilia Machado, esa hija mestiza de la patria de Agustino Neto, llegó a este Municipio Especial cuando era tan solo una niña, acá, junto a cientos de muchachos y muchachas de esa nación africana, cursó la secundaria y el preuniversitario.
Corrían los finales de la década del 70 cuando arribaron los primeros becarios a la localidad, muchos con el rostro ajado por las calamidades imperantes en sus pueblos; también lleno de expectativas y esperanzas para poder ayudar los suyos.
Aquí crecieron y compartieron lo bueno y lo malo junto a nosotros, aprendieron el español y lo mezclaron con el portugués para lograr la comunicación perfecta, esa que se fomenta y engrandece con la solidaridad.
Pero no fueron hijos de este país africano los únicos que bebieron de la sabia y paciencia de nuestros educadores; la Isla de la Juventud llegó a albergar a estudiantes de más de 26 nacionalidades, también de América Latina y Asia.
Esta llamada me hizo retroceder en el tiempo y detenerme en mi etapa de estudiante, cuando compartíamos el aula con Domingo, un joven angolano, o Fidel, César, Míriam… y otros de la patria de Sandino.
En la Isla dejaron sus tradiciones y hasta sus oriundas naciones se llevaron las nuestras; ya Mila me hablaba de sus nostalgias y cómo muchos a pesar de las nuevas ocupaciones buscan el espacio para practicar deporte juntos y hablar acerca de los pasajes inolvidables en Cuba, de este país que no obstante a sus limitaciones debido al bloqueo norteamericano y a las carencias imperadas en el período especial nunca dejó de compartir el pan.
Ahora muchos les sirven a sus pueblos como doctores, profesores, ingenieros, defectólogos, estomatólogos o técnicos. Mi hermanita angolana lleva un dolor profundo, no pudo graduarse como médico por no regresar a su segunda patria (Cuba) para continuar sus estudios; luego la guerra le cortó las alas y por carecer de dinero ahora acude a sus habilidades culinarias para subsistir.
Nostalgia siento en su voz; ella está tan lejos y la siento tan cerca que me hubiera gustado tenerla junto a sus hijos a nuestro lado para que volviera a desandar por este mar de oportunidades, donde navegamos firmes hasta alcanzar los sueños.
Pero no pierdo las esperanzas, África toma cada vez más conciencia de su situación y está convencida de que solo uniéndose podrá desterrar la guerra para convertirse en un continente victorioso, libre, sin miedo, pobreza y desigualdades.

Anuncios

6 comentarios el “Mila, mi hermana angolana

  1. Mucha emoción sentí con tu artículo, Mila es una de las muchas personas que sufren el lamento africano. Estuve en África en el 2002 en varios países: Guinea Ecuatorial, Mali, Ghana y Gambia y lloré y sufrí mucho con las vivencias del diario al punto que me marcó para siempre un niño que se llama Alú, tenía 4 años, hablaba perfectamente el Español que le enseñaron los médicos cubanos, su mamá tenía otros 5 hijos y trabajaba como auxiliar de limpieza en el edificio de la misión de PIS. Alú se le perdía e iba para mi habitación, lo alimentabamos diariamente y dormía debajo de mi cama, regularmete lo hacía en el piso de un garaje …jamás quizo dormir conmigo….el día de la partida se daba mordidas el mismo y me preguntó …y ahora quien me dará la papa¿¿¿???.
    Su mamá tenía tanto trabajo con sus restantes hermanos que apenas lo atendía a él. Sueño conque el niño maliense Alú que ya tiene 13 años hoy, venga a Cuba a estudiar medicina en Santa Clara. Es solo un sueño que deseo de todo corazón.

    • Gracias Bolivia, tu historia también es conmovedora, pero las historias lamentablemente se repiten, cuántos niños como el pequeño Alú no se repiten, no solo en África sino en otros continentes? Yo tampoco, Boli, pierdo las esperanzas ni dejo de soñar, saludos, seguimos en el kotorreo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s