Fortaleza en el Sur

Por Diego Rodríguez Molina

Fotos: Archivo histórico del autor

En un principio, al parecer las intenciones del imperialismo eran apoderarse de Isla de Pinos en aquel año 1961, advirtió Fidel, pero pronto obligó a los mercenarios variar sus planes, ante la fortaleza en que se convirtió el territorio pinero, escenario también de heroicos combates el mismo día en que los agresores atacaron por Playa Girón

NO PODÍA EL EJÉRCITO DE LOS MERCENARIOS ATACAR ISLA DE PINOS

“…establecimos una fuerza… que hacía invulnerable Isla de Pinos a cualquier ataque. En esa situación ellos tuvieron que desistir el ataque a Isla de Pinos, porque nosotros los refuerzos que hubiésemos tenido que llevar a Isla de Pinos en medio del combate los llevamos antes de que atacaran. Y desde hacía muchos meses íbamos fortaleciendo nuestras posiciones en Isla de Pinos, y enviando más equipos, más armas, más unidades… de manera que Isla de Pinos se convirtió en un lugar realmente invulnerable… Ya no podía el ejército de los mercenarios atacar Isla de Pinos”.
Fidel, el 23 de abril de 1961A 50 años, Playa Girón sigue aleccionando que las grandes victorias empiezan a ganarse mucho antes de los combates.

Lo testimonia la Isla de la Juventud, aún Isla de Pinos en aquel año 1961, y hacia cuyo objetivo enfilaron sus garras las autoridades yanquis en sus planes de barrer el poder del pueblo mediante la invasión mercenaria.

Días después de la aplastante victoria cubana del 19 de abril del propio año, Fidel aclara:
“En un principio, al parecer las intenciones del imperialismo eran apoderarse de Isla de Pinos y liberar allí a los criminales de guerra y los contrarrevolucionarios que estaban presos, para disponer de un personal humano con que engrosar inmediatamente el ejército de invasión y apoderarse de un pedazo de territorio nacional, una isla, planteándonos a nosotros la dificultad de tener que recuperarla con los recursos escasos con que nosotros contábamos, de Marina y Aviación”.

REGALO DE REYES

Pero la temprana comprensión de esas posibilidades y el descubrimiento de los planes enemigos, llevaron a adoptar previsoramente medidas concretas desde finales de 1960, con vistas al fortalecimiento de un territorio que aún tenía las secuelas del olvido neocolonial y el saqueo yanqui durante décadas.

Quien fuera designado al frente de esa tarea aquí, el general de brigada (retirado) William Gálvez Rodríguez, comenta que “de tal manera se fortaleció esta región…, que en una de las frecuentes llamadas del Comandante en Jefe para indagar sobre esos preparativos, le dijimos que todo marchaba bien y al preguntarnos si necesitábamos algo más, yo le expresé que mandara todo lo que quisiera, pero que tuviera cuidado porque la Isla se iba a hundir de tanto hierro…”.

Menciona entre las medidas “la creación de nuevas unidades de milicias y regulares, poner en sus manos las armas ligeras y pesadas que llegaron, como tanques T-34, cañones autopropulsados SAU 100, obuses y medios artilleros e intensificamos la preparación de las tropas y del pueblo, que fortaleció su vinculación con los combatientes y todos elevamos la disposición combativa”.

“Nunca olvidaré cómo yo manifestaba jocosamente por aquellos días en que me dieron la misión de que se trataba de mi regalo de reyes, al ser en enero del 61”, rememora durante un recorrido por el escenario que décadas antes, al decir de Fidel, “hacía invulnerable Isla de Pinos a cualquier ataque”.

De hecho se obligó a los invasores a desistir de ese lugar inicialmente ventajoso para ellos, “porque nosotros -insiste el joven líder- los refuerzos que hubiésemos tenido que llevar …en medio del combate los llevamos antes de que atacaran. Y desde hacía muchos meses íbamos fortaleciendo nuestras posiciones en Isla de Pinos…”.

Así contribuían los defensores de la segunda ínsula cubana, orientados por Fidel, a asestarle al imperio su primer gran revés en el hemisferio durante una batalla que devino el primer capítulo en defensa del Socialismo, proclamado aquel 16 de abril, en el entierro de las víctimas de los bombardeos el día antes por parte de la aviación mercenaria.

LOS HEROES DEL BAIRE

Del singular heroísmo frente a los mercenarios también dio muestras el subarchipiélago de los Canarreos pocas horas después de lanzada la invasión por el sur de Matanzas.

Apenas comenzaba a despuntar la mañana del 17 de abril de 1961, los marineros del Baire, una de las naves que custodiaba el litoral, se enfrentaron con valor a los aviones agresores frente a la playa de arenas negras Bibijagua, al noreste de la ínsula.

Desde las lomas aledañas también se rechazó con cerrado fuego antiaéreo la incursión enemiga, que ante la imposibilidad de descargar su mortífera carga en la zona de Playa Larga y Playa Girón, intentó hacerlo en los Canarreos cuando retornaban a sus bases en Centroamérica.

La estrepitosa y repentina huida de los aparatos mercenarios, uno de los cuales salió dejando una estela de humo, puso fin al desigual combate que dejaba como saldo la muerte de los marineros Juan Alarcón Rodríguez y Armando Ramos Velazco, de apenas 23 y 22 años, respectivamente, y 8 heridos.

Días después los marineros del Baire, evoca uno de ellos –Enrique Pérez Arzuaga– nos sumamos con pescadores y demás fuerzas a capturar mercenarios que huían por estos mares del sur, tras su derrota.

Más de 50 invasores, junto a varios de sus medios, eran apresados en la zona, y puestos a disposición de la justicia revolucionaria, como prueba de la agresión yanqui.

ARTILLEROS EN CAYO LARGO

Otro capítulo ejemplar protagonizaron los jóvenes artilleros que defendían Cayo Largo del Sur junto a otros combatientes.

Allí desafiaron el más moderno armamento de las Fuerzas Armadas yanquis e impactaron con sus proyectiles a F-106 el día 18 de abril, mientras otro avión fue seriamente averiado y perdió su tren de aterrizaje al siguiente día, coincidiendo con la victoria frente a los mercenarios muy cerca: en Playa Girón.

Uno de aquellos jóvenes, José Pérez Marín, hoy jubilado de la cerámica pinera, rememora cómo se le dio la misión de proteger esa parte del suelo patrio con su batería antiaérea de 12,7 mm, después de breves prácticas de tiro en una maniobra en Pinar del Río.

Recuerda en especial al jefe allí: el comandante Vilo Acuña, quien marchara luego junto al Che a Bolivia, donde cayera en combate con el sueño de liberar a América de la opresión y la injusticia.

“En ese apartado lugar –agrega Pérez Marín– enfrentamos también los movimientos provocadores y amenazantes de unidades navales, pero lejos de amedrentarnos, robustecimos el espíritu de lucha…”
Los Canarreos eran una verdadera fortaleza. Como afirmara el Comandante en Jefe Fidel aquel 23 de abril de 1961 por la televisión: “Isla de Pinos se convirtió en un lugar realmente invulnerable… Ya no podía el ejército de los mercenarios atacar Isla de Pinos”.

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