Siempre Vilma

Por Karelia Álvarez Rosell
Vilma no deja de nacer, es como si todos los días fueran siete de abril, fecha que muy pocas cubanas podremos olvidar por haber venido a este mundo una de las más universales y tiernas de las mujeres.
Tuve la oportunidad de darle cobertura informativa a una de sus visitas a este Municipio Especial, y todavía me suenan a música sus palabras escuchadas durante las conversaciones que, de manera informal, sostuvimos junto a otros colegas.
Con su hablar pausado abordó temas relacionados con la alimentación, la crianza de los hijos, las féminas y su desempeño dentro de la sociedad; así como los rasgos discriminatorios que todavía debíamos vencer.La heroína, que cumpliera hoy 81 años, se nos hace eterna porque a pesar de haber tenido todos los requisitos de las clásicas princesas (buena situación económica, belleza e inteligencia) convirtió su palacio en trinchera revolucionaria y aceptó como príncipe a un joven rebelde.
Todavía la vemos con aquella figura espigada, el fusil al hombro y aquella perenne sonrisa desandando por la Sierra o el lomerío de su querido Santiago de Cuba, en aras de agrupar a compañeras y hombres para apoyar a los integrantes del Movimiento 26 de Julio.
Vilma fue de las participantes más fogosas en la clandestinidad. Su nombre se asocia inmediatamente al delicado recuerdo de Frank País. Su entrega en la toma de la ciudad de Santiago el 30 de noviembre fue especial.
A ella le debemos la creación de la Federación de las Mujeres Cubanas y desde ese espacio se convirtió en el alma de miles de familias al atender problemáticas que tan solo el ámbito familiar sabe conducir: la conducta social y moral.
Y qué decir de esas casas grandes: los círculos infantiles, instituciones educacionales que el próximo día diez de abril arribarán a sus 50 años de existencia, valiosa iniciativa para facilitarles la vida a las mujeres trabajadoras.
Representó el corazón de la familia cubana, de los espacios de la mujer, del respeto y la consideración a la maternidad, del apoyo familiar para poder dirigir y participar en los domingos de trabajo voluntario y de hacer que el hogar no fuera un obstáculo para la consolidar con su constancia la Revolución.
Recuerdo aquellos días del llamado período especial, cuando Cuba se quedó prácticamente solita en el mundo debido a la desaparición del campo socialista, por lo cual las necesidades se acrecentaron y los sueños quedaron truncos.
Sin embargo, Vilma estuvo ahí, ayudando a las mujeres cubanas a buscar fórmulas para que no se desmembrara la familia. En medio de ese complejo escenario en que lo mismo armábamos un fogón rústico en los balcones que hasta hacíamos bistec de toronja diseñamos mil estrategias de resistencia.
Concibió una gran familia al lado de aquel joven rebelde: el Segundo Frente Oriental, el mismo que, trémulo, condujo sus cenizas tan sólo con una rosa roja, el mismo que hoy atiende casa con tino y oficio, mientras Fidel, su eterno Comandante en Jefe, enaltece las ideas con la pluma en la mano.
Ahí y en cada logro de las féminas está nuestra Vilma Espín, a quien siempre recordaremos serena, con aquella ternura y pasión desmedida en defensa de las mujeres, los hijos, la familia y la Revolución.

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