El arte de la convivencia

Uno de los principales indicadores de la «salud familiar» es, sin lugar a dudas, el nivel de comunicación que se haya establecido entre sus integrantes. La solución de la mayoría de los problemas existentes en las relaciones de quienes comparten el mismo hogar, pasa por la necesidad de incrementar los patrones comunicativos en el ámbito filial.

Muchos se cuestionan si, en realidad, han conseguido, en su más estrecho entorno, una comunicación eficaz; y si no es así, cómo lograrlo. Sobre el tema reflexionamos en esta oportunidad y ofreceremos algunos tipos que pudieran ayudar considerablemente.La comunicación familiar, en primer lugar, debe interconectar a todos los integrantes del núcleo, aunque no es menos cierto que puede coexistir con patrones de afinidad, como es el caso de las relaciones entre iguales, entendidas como los vínculos que se dan entre adultos, adolescentes o infantes, los integrantes de un mismo sexo, o grupos etarios. Estos lazos afines también suelen aparecer de manera cruzada, como son los casos de madres con hijos, padres con hijas y nieto/as con abuelo/as.

Pero en todos los casos es importante tener en cuenta que ninguna decisión, proyecto, o asunto de importancia colectiva debe asumirse sin contar con el criterio de todos, tengan la edad que tengan.

Algunas preguntas surgen entonces: ¿cuál es el mejor momento para establecer la comunicación?, ¿cómo lograrla?, ¿de qué hablar?…

¿Cuándo?
En ocasiones, la dinámica cotidiana nos impide prestarle la importancia que tiene el hecho de compartir los espacios que disponemos con las personas con quienes nos unen lazos de consanguinidad. Este hecho es lo primero que debemos desterrar.

Las conversaciones deberán fluir de manera espontánea y solo en los casos que así lo amerite recurrir a las «reuniones de familia» como hecho excepcional.

Algún paseo o excursión puede ser también marco propicio para informar acerca de un asunto importante y que queremos que se recuerde para siempre.

Crear espacios para la comunicación será, entonces, la más sencilla y cotidiana de las acciones que realicemos en familia. Cualquier momento, puede ser oportuno para el diálogo.

¿Qué?
En familia se debe conversar de cualquier tema y ninguno debe causar espanto. Es esta una manera de enfrentar la vida social, por lo cual debemos contar con el respaldo de las personas que más queremos.

Pero a lo interno también debe haber una mirada y así se podrán narrar historias familiares de generaciones anteriores, descubrir secretos por más dolorosos que puedan ser, proyectos futuros, resolver conflictos o cualquier cambio o hecho significativo que suceda en el marco familiar.

La sexualidad es otro aspecto a considerar en las tertulias familiares, los resultados laborales, estudiantiles o domésticos, las experiencias personales…

Debemos hablar de las cosas que están bien y las que están mal, el establecimiento de los límites, las valoraciones de los más jóvenes acerca de las normas de conducta a seguir en el hogar, la conciliación de intereses al respecto.

Una buena lectura, un programa televisivo, una película, suelen ser temas efectivos si se aprovechan bien. Proyectar una modificación en el hogar o una limpieza profunda entre todos permitirá aunar criterios y lograr la colaboración.

¿Cómo?
El principio básico es no mentir. Toda la información debe estar validada por su veracidad.

En las familias donde existen pequeños se debe tener en cuenta que se encuentran en la etapa de descubrimiento del mundo, por lo que resultan indispensables los referentes familiares. No hay nada que no se le pueda decir, nada que evitar, no debemos subestimar su inteligencia.

El no sentirse preparado para abordar un tema o responder preguntas, no significa dejar la duda. La consulta con la persona especializada dilatará u poco la respuesta, pero nunca quedará la incógnita.

Otro aspecto a tener en cuenta es que cualquier diálogo debe ser interactivo, o lo que es igual, fluir en todas direcciones. Ni los constantes sermones ni la actitud dominante de quien todo lo sabe ayudarán a crear la confianza suficiente para expresar los criterios.

En las relaciones con los hijos hay errores fatales: el autoritarismo y el ser dueño de la verdad absoluta, el quitarle importancia a las cosas, el hacer sentirse culpables y el abuso de conferencias y sermones. Todos ellos nos restan confiabilidad.

Los mensajes deben ser claros y precisos, alejados de cualquier ambigüedad. Bien lo dice el viejo refrán: «Al buen entendedor con pocas palabras basta». En caso de dudas, dese un lapso para meditar.

Algo que sí está vedado es el «no tengo tiempo para atenderte». Un «después» se puede trastocar en un «nunca». Solo en casos excepcionales se pudiera dilatar la plática, pero debemos demostrar que nos interesa e inmediatamente darle el espacio necesario.

Modular los tonos de la voz también es fundamental, cada circunstancia requiere de un énfasis específico, que nuestra familia debe reconocer.

Por último la aceptación del otro, o como también decimos, «ponerse en sus zapatos», será una manera de enfrentar las diferencias y de ser justos.

Más que conversar
Ahora bien, comunicar es más que conversar. No caben dudas de que el don de la  palabra facilita en gran medida las relaciones, pero si algo deja una huella imperecedera es el ejemplo personal. El discurso debe ser coherente con la forma de actuar.

También los gestos adquieren importancia vital. Si no demostramos atención e interés, que nos gusta o nos disgusta un  criterio, que estamos de acuerdo o no, posiblemente nos estemos perdiendo otros que son de mayor relevancia.

El mostrarnos indiferentes, como témpanos de hielo, o en el peor de los casos, ni siquiera atender, traerá como resultado el alejamiento. El silencio puede ser tan dañino como un mensaje equivocado.

Una palmada en el hombro, una mirada de aceptación, una sonrisa aprobatoria, o un beso, aportarán mensajes claros y ofrecerán amor y apoyo.

Cuando existe una comunicación en familia se puede afirmar que hay compañerismo, complicidad, ambiente de unión y afecto en la casa. Si la comunicación tiene como objetivo el entendimiento mutuo, la vida social obtendrá mejores pronósticos.

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