Arrugas que da la vida

Por Karelia Álvarez Rosell
Cristinita es de esas abuelas que sabe envejecer con arte. La gente del barrio la conoce porque a las mañanas de los lunes, día escogido para lavar la ropa de ella y su viejito, le imprime un matiz diferente con sus canturías.
Añosas canciones se escuchan desde el balcón del apartamento y su alegría contagia tanto a vecinos como transeúntes, quienes tienen que voltear la mirada para observar a esta mujer que sabe muy bien cómo llevar la ancianidad.
Admiro a las personas que saben llevar los años con la alegría de la primera juventud, pues siempre andan por ahí buscando algo que hacer porque prefieren desentenderse de los achaques propios de la vejez.
Muchos le dan un fuerte punta pie a la jaba de buscar el pan y se paran en “treinta y uno” en el seno familiar para acudir al círculo de abuelos, sentarse en un pupitre y estudiar en la Universidad del Adulto Mayor o planifican paseos a conocer paisajes desconocidos ya sea dentro del terruño o en otras provincias.
Sin embargo, existen adultos de la tercera edad que prefieren sentarse en un sillón o arrinconase en cualquier espacio de la casa a esperar que la vida los aplaste y resultaría grato un cambio no solo de quienes peinan canas sino también de cada miembro de la familia porque recordemos que la “muerte no llega con la vejez sino con el olvido”.
Según los especialistas para el 2025 uno de cada cuatro cubanos será mayor de 60 años; no obstante, las estadísticas apuntan que las personas comprendidas en esas edades mantienen su vínculo laboral.
Es por tal motivo que con la vigente Ley de Seguridad Social la jubilación comienza a verse más distante de la edad antes mencionada; a lo anterior se suma, además, la existencia de una esperanza de vida de más de 20 años después de los 60.
En fin, ya sea por idiosincrasia o hábito de nación joven, nuestro verde caimán es una isla de sentimientos nobles y frescos, por lo que la vejez debemos asumirla con dignidad y la lozanía de nuestros años mozos.
Debemos tratar de que los abuelitos se sientan útiles, integrarlos a la cultura, la educación, al deporte y a aquellos espacios donde la música de antaño les haga revivir etapas inolvidables, de tal manera de devolverles la confianza de que las canas no son una limitante para seguir viviendo.

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