Mujeres lloran en Libia


Mujeres, niños y familias lloran, padecen de pánico y mueren en Libia. La guerra se desató en ese país norafricano; las fuerzas occidentales atacan objetivos en la costa y para ello emplean fuego desde el mar y el aire para obligar a las tropas leales a Muammar Gaddafi a cumplir con el cese al fuego y terminar con los ataques a civiles.
La guerra siempre ha tenido la cara fea, se sabe cuánto daño ocasiona; sin embargo, las grandes potencias se empeñan en dominar al mundo a base de saqueo y bombardeo, empleando las más sofisticadas tecnologías sin importar cuántos civiles queden sepultados para siempre, sin importar cuántas madres pierdan a sus pequeños o cuántas familias se destruyan.
Por su parte las agencias noticiosas confirman que aviones de combate franceses fueron los primeros en atacar como también que esta es la mayor intervención militar internacional en el mundo árabe desde la invasión del 2003 a Irak, destruyendo tanques y vehículos blindados en la región donde se encuentra el principal enclave rebelde, la ciudad oriental de Bengasi.

Horas después, buques y submarinos británicos y estadounidenses lanzaron 110 misiles Tomahawk contra las defensas antiaéreas que rodean la capital Trípoli y la ciudad occidental de Misrata, que eran asediadas por las fuerzas de Gaddafi, dijeron oficiales militares de Estados Unidos.

Los oficiales comentaron que las fuerzas de su país estaban trabajando con Gran Bretaña, Francia, Canadá e Italia en una operación llamada “Odyssey Dawn” (Odisea al Amanecer).

El saldo de víctimas de los ataques al término de la primera jornada fue de 48 muertos y 150 heridos por los bombardeos de la coalición, según se anuncia desde Trípoli sin total confirmación, pero serán mucho más porque la contienda recién acaba de comenzar.

Algunos se sorprenden porque fue Francia y no Estados Unidos el primero en invadir el país, pero recordemos que dio la autorización y como era de esperar ya vuela por el espacio libio como todo poderoso y especialista en lanzar la primera piedra.
¿A quién querrá convencer ahora de que sus intenciones son las de ayudar a liberar a Libia? A mí, sinceramente, no me confunden, nunca me han engañado ninguno de los presidentes que han tomado el poder y ejercitan la fuerza.
Aunque se silencia en gran medida lo que verdaderamente ocurre en esa nación –nótese las escasas imágenes que se publican sobre las víctimas en los medios corporativos– la verdad sale a relucir y las mujeres, hombres y familias dignas de este planeta debemos alzar las voces para que cese la guerra, el llanto, el sufrimiento y la muerte.

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