Familia, ¿dónde estás?

Por Karelia Álvarez Rosell
La abuela Hilda es de esas ancianas maltratada por sus noventa años y las intensas jornadas como lavandera, planchadora, torcedora de tabaco y cuanto oficio apareciera para poder llevarle un “boca´o de comida a tres hijos” cuando corrían los años de la seudorepública.
Su memoria no la traiciona, se mantiene lúdica, capaz de recordar cuánto cambió su vida y la de su familia cuando un grupo de buenos hombres se ocuparon de guiar el destino de Cuba para el bienestar de todos y no de unos pocos como hasta entonces.
Ahora escucha hablar acerca del Proyecto de Lineamientos Económicos y Social del Partido y la Revolución, de la necesidad impostergable de lograr una economía fuerte, enaltecer el trabajo “porque andan muchos vagos por ahí viviendo de la nada” y de eliminar gratuidades…”es verdad, mi hijita, el país no puede, es demasiado bueno.”
Sin embargo, no dejó de pensar en un par de viejitos: “Los pobres, qué se harán ellos ahora sin televisor, el Estado ya no los ayudará y ni su hijo, que tiene uno en cada cuartos, quiere darle uno o al menos prestárselo para entretenerse.”
Su preocupación me condujo a preguntar ¿por qué el Estado y no su hijo?, ¿hasta cuándo tendrá que cargar sobre su espalda con los once millones de habitantes?, ¿por qué asumir con responsabilidades que le competen a la familia?
En varias de las reuniones efectuadas hasta el momento en este Municipio Especial muchos se formulan las mismas interrogantes y hasta llegan un poco más allá al cuestionarse por qué el sistema comparte sus bondades (el derecho a la educación, la salud, el deporte, la cultura, la seguridad social…) con quienes no producen teniendo plena capacidad para hacerlo.
Si bien es cierto que en todo este proceso encaminado al fortalecimiento de la actividad económica nadie quedará abandonado a su suerte, pues la nación ni en los momentos más difíciles le ha virado la espalda a ninguno de sus habitantes, urge una profunda reflexión en cada hogar.
No podemos obviar que la benevolencia ha llegado a extremos, los cuales van desde pagarle a estudiantes para que retornaran a las aulas hasta costear los medicamentos de personas enfermas y estipular un salario de 325 pesos para asistir a ancianos que necesitaban cuidados, cuando en realidad éstos tenían padres,  hijos, hermanos u otros parientes.
No pretendo proponer que ahora al Estado se le endurezca el corazón, deberá tenderle la mano a las personas más necesitadas; sin embargo, sí abogo por recobrar el rol preponderante de la familia, quien tiene la obligación no solo de educar sino de prestarle ayuda a cada uno de sus descendientes.
En estos momentos debemos corregir todo lo que se necesite, máxime si pretendemos hacer florecer la economía y, por supuesto, sin descuidar ese sector social verdaderamente muy vulnerable.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s