Amores adolescentes

Por Karelia Álvarez Rosell
Pienso en esas adolescentes que conocen a un chico hace tan solo unos días y ya aseguran ser el amor de su vida; mientras otras consiguen una cita con muchachos, no importa quién, porque lo esencial es ser aceptada en el grupo y así salir de la lista de las “puntualitas” o las “pasmá”.
Acerca del amor en esta preciosa y compleja etapa de la vida se tejen disímiles historias. Se ha vuelto tan atómico y versátil que existen quienes niegan la presencia de ese noble sentimiento, capaz de mover la tierra.
Porque soy de las que todavía cree en él aunque en ocasiones nos fustiga al punto de estrujarnos el corazón debido a la rabia o el sufrimiento; además de tener la misión de educar a una adolescente, es que consideré oportuno conversar un poco al respecto.
Sí, porque a muchos adolescentes los veo que no saben hacia qué dirección ir, se pierden y hasta se torturan al desconocer que amar no es lo mismo que querer y va más allá de la ropa, el físico o la situación económica.
Los padres deberíamos orientar más a nuestros chicos, pero para ello hace falta derrumbar esas barreras que obstaculizan la adecuada comunicación y lo lograremos en la misma medida en que pensemos en cuánto nos hubiese gustado a esa edad una sincera charla con los nuestros; quizá hoy tendríamos mayor preparación para llevarlos de la mano por los vericuetos de la vida.
De todas maneras nunca es tarde para comenzar. El diálogo no espera porque los muchachos deben saber que primero existe una atracción, luego un enamoramiento hasta ver si es esa otra persona la que nos llena el alma con tan solo una mirada.
Tenemos que decirles que el asunto no está en conseguir una cita solo para obtener un buen partido, en ir a la cama con el primero en pintarles un castillo, entregarnos un obsequio o en aceptar un beso cuando ese corazón ni se inmuta.
Ya les decía, tengo una hija que pasa por esa edad y no sé, por cómo andan los tiempos, cuál será su destino en cuestiones de amor, pero nunca podrá negar que le tendí mis manos y como su mejor amiga siempre la invité a ser auténtica y exclusiva.
A eso me enseñaron mis padres, quienes siempre me dijeron que nada se asemeja como a respirar el aire limpio de un espíritu enamorado.

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