Con riesgos pero sin cólera

Magdi Puig Bení­tez
Fotos: Arturo Enamorado López y cortesía del entrevistado

Noel   con  el presidente haitiano René García PrévalNoel Otaño se sienta. Le resulta incómodo el hecho de ser entrevistado. Siempre está del otro lado haciendo él las preguntas, en el papel de visionario de la realidad, captando la esencia del panorama local, nacional o mundial para luego informar, educar, aconsejar.

Desde esta islita lo vimos reportar para el orbe durante siete meses en Haití con la clara voluntad política de ayudar a ese país caribeño; mérito que resaltara nuestro Comandante en Jefe recientemente.

Trabajar, trabajar, trabajar, esa es su premisa, de ahí el empeño en mostrar al mundo la meritoria labor de los médicos cubanos después de las desgracias sufridas debido al terremoto y la epidemia de cólera, aun poniendo en juego la vida.

Ya pasaron algunos días desde su regreso, más sosegado ha tenido tiempo para dejar reposar la mezcla de emociones y presiones de esos meses lo que trajo consigo el análisis. Ahora en un ambiente entre colegas conversamos.

Al llegar aseguraste que la misión en Haití ha sido la más difícil.

“Iba preparado para cumplir una misión en un país aparentemente en recuperación de un terremoto.

Entonces aparece una epidemia de cólera que estremece a la nación, declaran el estado de emergencia, viene un huracán, inundaciones, elecciones, protestas sociales, desestabilización social, la llegada de Duvalier. Toda una sucesión de hechos importantes y tuve la posibilidad de cubrirlos, de vivirlos.

“Cuando damos cobertura a un suceso internacional, es ese y ya. La posibilidad de cubrir varios eventos, que en su momento fueron noticia para el mundo, no se da con facilidad para los periodistas cubanos.

“Como no eran muchas las televisoras allí, nos convertimos en un referente internacional. Había que reportar con tacto. Eso me obligó a prepararme en los términos.”

La muerte resultó un elemento habitual en la misión, ¿hasta el punto de poner en riesgo tu vida?

“Cuando llegué había confusión, sobre todo con el cólera. Se desconocía del tema y enterraban los cadáveres en fosas comunes, las personas no querían decir su enfermedad. Ibas a un lugar y encontrabas 15, 20, 30 muertos de horas, eso fue difícil.

“Después es como si se endureciera el alma. Y no es que me acostumbrase a ver la muerte como algo natural; aunque lo sea, no deja de estremecer, de sorprender, pero tenía que trabajar.

“Con respecto al riesgo, estuvo latente todo el tiempo: de contagiarme con una enfermedad, de estar en una protesta violenta, de cubrir el regreso de Duvalier en medio de un despliegue policial muy intenso. El peligro existió siempre.

No es aparente valentía, es que cuando estás en eso no piensas en enfermarte o en que te pueda tocar a ti poner la desgracia; solo quieres realizar el trabajo y hacerlo bien, captar la mejor imagen, el plano propicio. Después uno se sienta, recapacita y dice: ‘¡Caramba!, ¿yo hice eso?’.”

¿Sentiste orgullo de ser cubano?

“Siempre. Puede parecer un discurso manido, pero uno siente un orgullo del carajo cuando ve una nación bloqueada como Cuba, culpada de casi todo lo malo del mundo, capaz de llegar a allí y desplegar 60 unidades médicas por todo el país, 50 grupos de pesquisa activa en los lugares más intrincados, caminando horas, viviendo en casas de campaña.

“Incluso cuando te pones a conversar con los colegas a quienes no le permiten decir la verdad acerca de la labor de los cubanos, te percatas de que ellos realmente sienten una admiración por Cuba.

“Llegar a un sitio y decir soy cubano y que la gente te valore por eso, lo he vivido en lugares insospechados. En Haití los pobladores nos tienen un cariño enorme. En Pakistán me decía: ‘¿Cómo es posible llegar a un desierto donde los pueblos nómadas viven en cuevas, moviéndose en camellos y te digan: ‘Fidel, Cuba’. Hay que experimentarlo, de verdad.’”

Anécdotas, recuerdos impactantes…

“Estuve en hospitales y vi como las personas llegaban con el cólera, considerada la enfermedad de la pobreza porque si se ataca a tiempo recuperan rápido su salud. Estaban casi muertos y después los veías sonriendo y agradeciendo, con su humildad, a los cubanos que les salvaron la vida. Sus caras difícilmente algún día se me olviden.”

Otaño en  su casa en Nueva Gerona

¿Qué significó la familia en circunstancias tan difíciles?

“Sin la ayuda de mi esposa, mis niños y el resto de la familia no hubiera podido hacerlo. Ellos todo el tiempo me trasmitieron seguridad, me decían: ‘Usted cumpla lo que le toca, aquí hay una retaguardia segura’.

“Esto entraña mucho sacrificio. Yo tengo dos niños pequeños, separarse siete meses, perderte etapas de su vida, eso no lo paga nada.

“Además, sin un colectivo como el del telecentro tampoco sería posible, ellos depositaron su confianza en mí y no sería justo hablar de mi trabajo si no hablo de Islavisión, mi otra familia.”

Con todas estas experiencias imagino hayas repensado el concepto de palabras como:

Sensibilidad.

“Es tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de sentir lo que pudiera sentir la otra persona.”

Pineridad.

“Lo que me pasó con una señora a la que no conozco cuando dejaba a los niños en la escuela. Se acercó y me dijo: ‘Soy vecina suya, pinera, y estoy orgullosa de usted, que Dios lo bendiga’. Eso nunca me había pasado.”

Periodismo.

“Es estar en el lugar indicado, es poder trasmitir, sobre todas las cosas, la verdad. Y cuando sabes que alguien te lee, te ve, te escucha y confía en lo que dices, ha valido la pena entonces cualquier sacrificio o riesgo.”

Reconocimiento de Fidel.

“Su reconocimiento como sus orientaciones fueron un estímulo para nosotros, además de un gran compromiso porque sabes que el trabajo tiene valor, seguimiento y eso entraña una satisfacción tremenda.”

Premio Anual Provincial de Periodismo 2010 en televisión.

“Creo que los concursos tienen una elevada cuota de subjetividad. Todos los días trabajo para concurso. Pero si llega el reconocimiento, bienvenido sea.”

A pesar de los obstáculos y riesgos Noel afirma que llegó sin cólera, y tiene mucha razón porque habla de sueños, de deseos de hacer, de encontrarle la quinta pata a la pineridad.

En   plena  faena de trabajo en Haití

En   las  calles de Haití

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