Ser periodista y…imujer!

Les confieso que cuando era más joven –sí, porque lo sigo siendo, me lo dice el corazón– por mi mente nunca pasó ser periodista, pero las circunstancias y esos tantos giros que da la vida me llevaron a un buen día ocupar un buró en una redacción de prensa.
Con la cabeza llena de ilusiones, sueños y deseos de escudriñar ese mundo, me dispuse a hacer mi primera nota sin tener la más mínima idea de cómo iniciar porque al no ser graduada en esa materia pues hasta el lead me resultaba una de esas palabras raras salidas del más allá.

Recuerdo que estuvo relacionada con el inicio del curso escolar, entonces debía llevar al papel a través de mi máquina de escribir el bullicio y la alegría de los estudiantes por el gran acontecimiento, como también las incógnitas de los principiantes en ese mágico mundo de la tiza, el pizarrón y ahora de computadoras.
Pero desde allá hasta acá ha llovido un poquito –más de 25 años– y el periodismo me corre por las venas, es más, lo llevo hasta el tuétano porque cuando uno comienza es como si nos hicieran una marca de nacimiento que nos sigue a donde quiera que vayamos, como nuestra propia sombra.
Ser periodista sustituye nuestro nombre para siempre, nadie tendrá problemas para dirigirse a nosotras, pues cada vez que volteamos el rostro nos convertimos en consejera, historiadora, maestra, estadista, directora de empresa, economista, adivinadora… porque para muchos nos la sabemos todas, hasta cuándo está previsto el próximo parto de la vaca tal, de la vaquería…, del territorio…, perteneciente al país…
Por lo general andamos corriendo en 800 metros planos como la estelar Ana Fidelia, la atleta cubana que tanta lucha les dio a corredoras en mundiales y otros eventos de atletismo, y más si tenemos hijos, esposo y casa que atender.
¿Cuántas veces nos ha sorprendido la noche en la redacción o en el mar porque el barco langostero El Guacanayabo implantaría otro récord productivo en captura de la llamada Dama de Cristal; hemos tenido que salir de madrugada y sin certeza del retorno a casa porque, por ejemplo, la recordista Ubre Blanca andaba de parto?
¿Y qué decir de las coberturas de esos huracanes que se empeñan en convertir a la Isla de la Juventud en destino obligatorio y en medio de la tormenta o ayudando a una familia damnificada descubrimos que también perdimos la vivienda y cómo, así de repente, tenemos que preparar la maleta porque el diplomado, el taller sobre las nuevas tecnologías de la comunicación y la información o la salida para Haití no espera…?
Algunas somos comprendidas y en ocasiones recibimos el apoyo de la familia; sin embargo, otras no y entonces es cuando llega esa frase: “hasta aquí, se acabó”, la cual muchas veces hace que se nos estruje el corazón pero no la decisión de haber jurado ser en todo momento periodista.
Es que con el decursar del tiempo descubrimos que serlo es abrir surcos, levantar cimientos, explicar, informar, educar, vivir esos acontecimientos pavorosos que muchas veces nos convierten en mejores seres humanos, beber de un suspiro el aliento de una o varias vidas y teñir con sueños y desvelos la prensa.

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2 comentarios el “Ser periodista y…imujer!

  1. Felicitaciones colega por este «Kotorreo» que a tantas nos retrata. Si ser mujer es un reto en la sociedad actual, compartir ese rol con el de periodista lo es mucho más y lo sabemso asumir con mucha dignidad.

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