El dinero no compra un sueño

En tiempos en que hace mucha falta privilegiar lo espiritual les traigo a colación la historia de una compañera que en días recientes me detuvo en la calle para sugerirme conversar acerca del dinero y las miserias humanas, que supuestas solvencias o mejoras económicas generan en el entorno familiar.

Ella, muy compungida y con una mirada triste, me contó cómo de la noche a la mañana dejó de ser la “esposa ideal” desde que su pareja, con quien lleva más de diez años y tiene hijos, disfruta de mejores posibilidades económicas.

“Ahora hasta se me acusa de interesada cuando nosotros hemos compartido logros y vencimos vicisitudes en los años más difíciles del período especial; !qué cosa, todo por la pacotilla!, lamentablemente esas cuestiones ya no cuentan… eso más que bienestar me ha dado muchas amarguras”, me decía.

Al escucharla no solo pensé en su situación sino también en los hogares que se desmembran, en la hija que olvida las noches de desvelo de su madre cuando de pequeña ardía en fiebre, en las hermanas o hermanos que no cruzan palabras ni miradas por no saber conjugar aspectos tan vitales en el comportamiento humano como lo espiritual y lo material.

Es cierto que en estos momentos en nuestro país existe un contexto económico diferente, el cual ha incidido en la movilidad del orden de prioridades en determinadas personas y en que el aspecto económico gana mayor espacio, incluso, hasta a la hora de escoger a una pareja.

Aunque debemos ser cuidadosos y no absolutizar porque todavía abundan quienes no dejan que nada ni nadie les contamine y corroa el alma y así, creyendo y fortaleciendo la espiritualidad, educan a sus hijos, quienes tienen la responsabilidad de garantizar el mañana.

A la compañera de la historia inicial le recomendé levantar la mirada y elevar la autoestima, también le recordé un proverbio chino que dice: El dinero puede comprar una casa, pero no un hogar. El dinero puede comprar un reloj, pero no el tiempo. El dinero puede comprar una cama, pero no el sueño. El dinero puede comprar el sexo, pero no el AMOR.

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